jueves, 24 de diciembre de 2009

El valor del dinero.

El valor del dinero.

Papá Noël y los Reyes Magos, junto con los padres, tíos, padrinos y abuelos…, suelen ser tan generosos en sus regalos con los niños que acaban dando poco valor al dinero que los padres ganan con el sudor de su frente. Es necesario ayudar a los hijos a aprender que el dinero no está disponible de forma ilimitada, que éste debe ganarse con el trabajo y que gastarlo implica la necesidad de establecer prioridades.

Esta es una tarea que deben proponerse todos los padres, de cualquier nivel socio-económico. Los afortunados padres que en este momento de su vida puede permitirse dar de todo a sus hijos, es muy probable que estén haciendo un flaco favor a sus hijos. ¿Acaso pueden asegurarle este nivel de vida durante toda su existencia? No sólo es necesario prepararles para “las vacas flacas”. Como veremos a continuación, entre otros aprendizajes, al tener todo lo que desean, no aprenden la frustración de no tener lo que se desea, algo, queramos o no los padres, a lo que tendrán que enfrentarse muchas veces en su vida, y no sólo en lo relativo a cuestiones materiales.

Lo que está a su alcance.

En la medida de lo posible hay que involucrar a los niños en las decisiones financieras de la familia. Demostrarles por qué no es cumplir todas sus peticiones. Llevar a casa el salario familiar de un mes y dividir el dinero según los gastos mensuales: comida, alquiler, luz… se sorprenderán de lo poco que queda para gastos adicionales, comprobarán que la bicicleta que tanto desean cuesta más que, por ejemplo, el presupuesto semanal de comida.

Hacer hincapié en el hecho de que los asuntos de dinero son privados y que no todas las familias disponen de la misma cantidad. Para muchos niños, la presión ejercida por los compañeros de comprar artículos específicos “porque todo el mundo lo tiene”, es difícil de resistir. Nunca se debe comprar algo que no esté a su alcance, pero no decirle sencillamente que no, sino escuchar su petición y hacerle comprender la negativa.

Si es algo lo suficientemente importante para su hijo, puede ayudarle a buscar formas de comprarlo con sus propios fondos (su paga). Podría prestarle el dinero y darle sugerencias para ganar el dinero necesario con su esfuerzo.

Ahorrar.

Además de enseñarles a gastar prudentemente, hay que enseñarles a ahorrar y a ser generosos. Por ejemplo, si recibe un dinero extra, como ahora en Navidades con el arguinaldo (“les astrenes”), puede contribuir a una causa benéfica, ahorrar para un capricho y el resto gastarlo libremente. Un antojo ocasional es aceptable, pero la clave consiste en no hacer que se convierta en una rutina.

“La paga”.

Una paga semanal libera de la necesidad de enfrentar constantemente asuntos de dinero con los hijos, y es una poderosa herramienta de aprendizaje. Decidir con ellos qué trabajos en el hogar son responsabilidad suya como miembro de la familia y que no están relacionados con su paga, pero se les pueden proponer trabajos ocasionales para ganar un dinero adicional. Debe quedar muy claro en qué podrá gastar su dinero.

No existe ninguna fórmula para determinar qué cantidad de dinero se le debe dar en concreto de paga. La decisión dependerá de los gastos que deberán ser cubiertos por el niño.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Los juguetes ¿un problema?

Los juguetes ¿un problema?

El juego en los niños es una necesidad vital para el desarrollo saludable de su persona. Los juguetes contribuyen a este fin, son necesarios. Pero pueden convertirse en un problema: Papá Noël y Reyes Magos demasiado generosos.

Padres, abuelos y tíos “babeamos” cuando vemos a nuestros nanos rodeados de juguetes, cuantos más mejor. ¿Quién disfruta más, los niños o los adultos? Queremos que no les falte de nada, que tengan lo que nosotros no hemos tenido, queremos verles felices… El resultado es que lo tienen todo desde muy pequeños, pero… si no les falta de nada, ¿cómo van a apreciar lo que tienen?

Conviene dosificarlos. Sobrecargamos a Papá Noël y a los Reyes Magos. No sólo en Navidad el niño ha de jugar, pensemos en las vacaciones estivales, cumpleaños y onomásticas. Racionemos entre padres, abuelos y tíos la dosis de juguetes a regalar en cada ocasión. Mantengamos en el niño el deseo por un juguete que “ahora” no ha podido ser, pero llegará más adelante.

¡Me lo pido!

A veces compramos el juguete que el niño pide con insistencia, que suele ser el que está de moda, el que más aparece por televisión. Por no desilusionarle, compramos juguetes que no son demasiado seguros, que son pedagógicamente inadecuados para su edad, que son sexistas, racistas o violentos, que no les ayudan a desarrollar su fantasía ni a relacionarse con los demás. Con toda seguridad los atractivos de otros juguetes que podemos descubrir a los ojos del niño, alejarán cualquier decepción.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Educar en valores.

Educar en valores.

Los padres, ante actitudes irrespetuosas y violentas de los jóvenes se preguntan qué han hecho mal “si se lo hemos dado todo”. Pero en la educación de los hijos existen algunas normas éticas que parecen haberse diluido.

Independientemente de la cultura o la opción religiosa de cada familia, como fondo educativo existen una serie de valores universales como la tolerancia, la responsabilidad o el respeto, que deben persistir ajenos a modas, culturas y religiones. Es en la familia en donde se ha de alimentar el desarrollo de estos valores, frente a un mundo exterior violento y confuso.

Te ofrecemos algunas recomendaciones que pueden facilitar esta tarea…

- Predicar con el ejemplo, un hecho cala más que mil sermones. Los niños imitan lo que ven cotidianamente. Lo que queramos inculcar a nuestros hijos debemos asumirlo como parte de nuestra manera de ser.

- Aprovechar las situaciones reflejadas en cuentos y películas para hablar de valores y comportamientos. Aprovechar estos momentos para trasmitirle al niño qué opinamos y cómo nos sentimos ante diferentes conflictos y personajes.

- Unas normas que marquen límites no son incompatibles con el amor y el apoyo. Los niños deben sentir desde pequeños que aunque les corrijamos les seguimos queriendo. Deben conocer y cumplir las normas que deben respetarse en el núcleo familiar, diferentes según su edad. Debemos aplicar el castigo de forma que al niño le quede claro, no sólo lo que ha hecho “mal”, además, cuál es la forma correcta de hacerlo. Debe conocer en todo momento cuáles serán las consecuencias de su comportamiento. Pero también, lo que es mucho más importante, debemos mostrar nuestra satisfacción cuando cumplen las normas.

- Enseñarle responsabilidad dándole responsabilidades. Dejarle cooperar valorando, sobre todo, su disposición, su esfuerzo, la responsabilidad que asume al realizar la tarea, no tanto los resultados, con el tiempo irá mejorando sus habilidades para hacerlo mejor.

- Enseñarle a “tener buena educación” y coherencia con uno mismo. Dar las gracias, pedir disculpas, solicitar por favor, respetar el turno en las conversaciones, saber escuchar, no levantar la voz, no insultar. En definitiva, a ser respetuosos con los demás y ser consecuente con las propias ideas y defenderlas ante los demás.

- Enseñarles a ser justos, a reflexionar sobre las propias actitudes y comportamientos, a saber perdonar… conductas que favorecen la convivencia. Dejar que los hijos vean cómo hacemos las paces tras un malentendido o desavenencia con un amigo. Al leer el periódico o ver la tele hacerles reflexionar intentando encontrar razones y aspectos positivos para ambos mandos.

- Poner en práctica hábitos ecológicos para desarrollar su sentido de la solidaridad y de la grandeza del universo del que formamos parte.

lunes, 26 de octubre de 2009

¿Por qué se muere?

¿Por qué se muere?

Es lo que preguntan los niños, no comprenden qué es la muerte. Ante la proximidad de la Festividad de los Todos los Santos con todos sus rituales, surgen conversaciones sobre personas fallecidas, y a los niños les pueden surgir preguntas al respecto. Conviene estar preparado sobre cómo afrontar este tema. Independientemente de las creencias religiosas de cada familia hay verdades que no hay que dejar de decirles.

Morir es dejar de vivir. Explicaciones como “se fue”, “está en el cielo”, “se ha quedado dormido para siempre”, “Dios se lo llevó”… no les explica claramente que es el final de la vida. Para los niños menores de tres años la muerte es algo reversible y provisional. Alrededor de los cuatro años pueden empezar a comprender que quien se muere no regresará nunca.

Para que entienda qué es la muerte puede ser útil utilizar ejemplos de la naturaleza. Las hojas de los árboles mueren en invierno, la muerte de una mascota significa que deja de moverse, de comer, de respirar… Debe entender que es un hecho natural, que todo lo que nace muere.

Siempre hay que responder a sus preguntas con respuestas reales, adaptando el lenguaje a su edad. Si no tenemos respuestas es mejor decirles que no lo sabemos.

Le ayudará comprender qué es la muerte, permitir y animarle a que asista y participe en el velatorio, el funeral, entierro… de una persona próxima o conocida del niño. Es aconsejable explicarle previamente qué verá y escuchará, y el por qué de los rituales funerarios.

También es positivo que vea el cadáver, comentarle que deja de moverse, de respirar, de comer, y sobre todo, de sentir dolor. Debemos dejarle muy claro que ya no siente nada, ni lo malo, ni lo bueno. Antes debemos explicarle dónde estará el cadáver, qué aspecto tendrá. Pero si no quiere ver el cadáver o participar en algún acto no forzarle nunca en contra de su voluntad.

martes, 6 de octubre de 2009

Cómo prevenir el acoso escolar.

Cómo prevenir el acoso escolar.

Las burlas o las agresiones son frecuentes para los chicos que sufren el rechazo por ser estudiosos o por no destacar como líderes. Cuando nuestros niños son pequeños podemos poner en práctica una serie de estrategias para ayudarle a enfrentarse a este tipo de situación llegado el caso. Desde luego nadie nos asegura como reaccionará, pero si está más preparado para ello, más fácil será que lo cuente a alguien o que no tenga miedo.

- Lo primero que tendrás que fomentar es una buena comunicación padre hijo. Desde muy pequeño tendrás que aprender a escuchar sus problemas y a ayudarle a buscarles solución por sí mismo. Podréis proponer, juntos, muchas ideas posibles que solucionan el problema y más tarde elegir cual es la mejor solución y ponerla en práctica. De este modo enseñaras a tu hijo a no hundirse ante un problema y a salir airoso de él y también a pedir ayuda cuando no sepa qué hacer.

Siempre debes ayudarle y no criticarle cuando te plantee un problema, por tonto que sea; para él es algo muy importante y en su mente infantil necesita tener la solución necesaria para hacerle frente. Pero ayúdale para que él lo solucione, no seas tú quien ponga en práctica la solución, debe ser él.

Si tu respuesta es ayudarle a buscar la solución mejor, cuando sea mayor sabrá que puede contar contigo para lo que sea y no tendrá miedo de contarte sus cosas porque sabrá que vas a apoyarle. Si por el contrario, cuando el niño te plantea un dilema respondes con hosquedad, sin darle importancia, dejándolo para luego o regañando al chico, éste aprenderá que no puede contar contigo y además estará sin estrategias con las que luchar cuando le llegue el caso. Se transformará en un chico sin recursos y tal vez tímido y callado, con miedos.

Para conseguir una buena comunicación con tu hijo tendrás que empezar desde el principio, haciéndole caso cuando se cae, cuando discute con otro niño por un juguete, cuando está triste cuando le ha ocurrido algo, cuando se ha quedado el último en la carrera, etc. Ante todas estas frustraciones, los padres tendrán que enseñar a su hijo a superarlas y a afrontarlas con naturalidad, como algo normal que nos ocurre a todos y por lo que no se es ni mejor ni peor.

Con todas estas cosas conseguirás un nivel de confianza y de comunicación que será abono para un futuro, cuando sea adolescente y se vuelva más cerrado solucionará los problemas por su cuenta, como le has enseñado, y ante algo más fuerte, que no puede con ello, acudirá a ti.

- Es importante que tu hijo no tenga miedo a las figuras de autoridad. Es muy típico fomentar el miedo a los profesores, policías, guardias , etc como si fueran alguien malo.

Los padres tienen que servir de modelo para que el niño entienda que los policías están para ayudarnos, los profesores para enseñarnos, etc... Nuestro trato con ellos enseñará al niño a que no hay por qué tenerles miedo y será más fácil que comente sin darle importancia cualquier cosa extraña que haya ocurrido con el profesor.

- También es vital enseñar a tu hijo seguridad y autoestima, tendrás que ayudarle a enfrentarse a determinados retos para que entienda que puede conseguirlo.

Cuando inicie una actividad novedosa y transmita ansiedad, preocupación o miedo a no conseguirlo, tu función será animarle y convencerlo de que sí puede hacerlo, podrás ir dándoles las instrucciones paso a paso para que sepa cómo ir consiguiendo metas poco a poco y llegar a la meta final. Después tendrá que recibir un refuerzo (una alabanza o un premio) por haberlo conseguido. Si, por el contrario, le sale mal, podréis volver a intentarlo siguiendo pasos distintos y reforzando siempre su esfuerzo. Esto será la forma adecuada para que tu hijo gane en seguridad y confíe en sus posibilidades.

A la hora de enfrentarse a un posible agresor o acosador, estará convencido de que no se merece eso y lo contará a los mayores para que le ayuden, defenderá sus puntos de vista y sabrá dar respuestas adecuadas a su agresor sin amedrentarse.

- Aunque tu hijo aún sea pequeño, es importante que estés atento a cualquier cambio que se produzca en su comportamiento o estado de ánimo y acude inmediatamente al colegio a hablar con los tutores para ver si han detectado algo. Cuando un niño no quiere ir al colegio es por algo, tiene miedo de algo o no quiere enfrentarse. Puede que sea una tontería pero es mejor asegurarse y sobre todo interrogar al niño dulcemente para conseguir información.

Para saber más: http://www.acosoescolar.info/padres/index.htm

jueves, 24 de septiembre de 2009

Prevenir el fracaso escolar.

Prevenir el fracaso escolar.

La tasa de fracaso escolar en nuestro sistema educativo es de alrededor el 30%... una verdadera barbaridad. Reflexionemos sobre los factores que influyen para que los pequeños tengan problemas escolares y cómo podemos atajarlos desde los primeros años de colegio.

Ambiente familiar.

Los niños necesitan un ambiente familiar rico en estímulos, donde capten una verdadera implicación de la familia en su vida escolar. Hay que dedicar tiempos de atención «exclusiva» a los estudios en casa.

Autoestima.

Un niño con baja autoestima siente que no es capaz de alcanzar lo que se propone. Hay que darles una imagen positiva de quiénes son y de lo que hacen, no son torpes, necesitan esforzarse. Hay que enseñarles a aceptar los errores y las dificultades, y no venirse abajo, hay que alabarles por su esfuerzo y sus pequeños logros.

Atención.

Desde muy pequeños hay que habituarles a tareas que les ayuden a centrar su atención con juegos y tareas sencillas apropiadas a su edad. Para aprender es fundamental que sean capaces de concentrarse.

Lectoescritura.

La lectura y la escritura son imprescindibles para todas las asignaturas y si no las dominan, el edificio se tambalea desde sus cimientos. Hay que ofrecerles modelos adecuados desde pequeñitos y fomentar en ellos el amor por la lectura y la escritura. Si observamos dificultades en este campo, es preciso acudir a un especialista cuanto antes.

Motivación.

El desinterés y el rechazo por todo lo que huele a colegio conlleva falta de esfuerzo personal y abandono de sus tareas. Debemos fomentar en ellos el afán por hacer las cosas por sí mismos y la alegría por conseguir las metas que se marquen. Es preferible valorar más sus logros que reprochar los fracasos. Conviene darles una imagen positiva de lo académico: evitemos comentarios sobre lo «rollo» que es el cole o la rabia que da volver a clase el lunes.

Hábitos de estudio.

A estudiar también se aprende. De nada sirve que se pasen las horas muertas delante del libro. Desde muy pequeños desarrollemos el hábito de un tiempo diario para tareas escolares y, más adelante, proporcionarles unas técnicas de estudio que les permitan aprender de forma ágil y eficaz. Deben tener en casa con un rincón de estudio libre de distracciones.

Señales de alerta.

Ciertas circunstancias transitorias pueden convertirse en la base de un fracaso escolar si no se detectan a tiempo:

- Una pequeña anemia (detectable con un simple análisis de sangre) puede ser el origen de esa apatía que perjudica su rendimiento. Una pérdida auditiva o algún defecto en la visión, les pueden hacer ir cada vez más rezagados.

- La falta de estabilidad familiar les afecta muchísimo: una época en la que haya más problemas, discusiones o reproches en casa. Suelen aprovechar peor las clases, ya que tienen la cabeza en otro sitio. Si se pasa por un mal momento en casa, charlemos con ellos para darles seguridad.

- No sentirse aceptado por los compañeros o no tener amigos puede hacer que se retraigan académicamente. Por no hablar de los complejos: verse gordo, avergonzarse de llevar unas gafas o rechazar el aparato corrector de los dientes.

Medidas preventivas.

Hay que actuar ante la aparición de las primeras dificultades. No es bueno pasar por alto las malas notas una y otra vez sin poner medidas. Acordar con su profesor cómo ayudarle en casa.

Hay que concebir el curso como una carrera de fondo. De nada sirve el sprint final en los exámenes de junio si no se han conseguido buenas calificaciones desde el inicio de curso.

Evitar que se instalen en el papel de perdedores. Aunque las notas suelan ser malas, cuidemos su autoestima para que no sientan el fracaso como algo esperado y normal. Sobre todo alabar sus logros y su esfuerzo, y animarles a superarse.

martes, 1 de septiembre de 2009

Todos al cole.

Todos al cole.

La vuelta al cole no suele presentar mayor problema para los niños, pero en los más pequeños conviene tener en cuenta que es una situación nueva que puede provocar ansiedad, insomnio, pesadillas, cambios en el estado de ánimo…

Entre 0 y 3 años.

Hasta los 9 meses el bebé no ha desarrollado el suficiente apego con los padres. Ir a la guardería no es traumático porque su conocimiento del mundo es escaso. Entre 1 y 2 años han desarrollado el apego con sus padres, tienen recursos para llamar la atención y reclamar lo que quieren. Es posible que llore desconsoladamente al dejarle en el cole. Poco a poco irá aceptando su nuevo entorno. Unos días antes de ir al cole explicarle lo que va a ocurrir, hablarle positivamente de la escuela, enseñarle dónde está y cómo es. Durante los primeros días es mejor un horario progresivo (de menos a más horas), y deben ser los padres quienes le acompañen.

El primer día de guardería.

Antes de: Nuestro objetivo es que el niño vea con normalidad el ir a la guardería. Un buen truco, por ejemplo, sería decirle que si se porta bien le dejaremos ir a la guardería... pero para que esto funcione, tenemos que dar antes otros pasos.

Como ahora va a tener que levantarse en función del horario que tenga la guardería, ir adaptándole por lo menos desde la semana anterior. Tenemos que conseguir que duerma sus horas, para que no le cueste salir de la cama, desayunar tranquilamente, e ir a la guarde sin apuros.

Para irle preparando tampoco es mala idea que le hagamos un asiduo del parque, para que se acostumbre a pasar cada vez más rato sin preocuparse de otra cosa que no sea jugar. ¿Que se lo pasa bien en el parque? Pues aprovecha eso y dile que la guarde es como un parque pero mejor, porque hay más niños y más juguetes. Tenemos que ayudarle a que se forme una imagen positiva de la guarde, y para ello nada mejor que meter todo lo que le gusta en ese saco: ¿que al niño le gusta pintar? Pues hay que decirle que allí se pinta muchísimo. Que ya le gusta preguntarnos el por qué de esto y de aquello, pues le decimos que cosas como esas son las que enseñan allí. También puedes contarle cosas muy buenas que te hayan pasado allí a ti o a otro niño: “tu primo al principio tenía miedo pero al final ya no había quien le sacase de allí... ¿has visto sus amigos? Pues todos se conocen de la guarde...”

Despedida y reencuentro: Hay que llegar con naturalidad, hablando tranquilamente de lo mucho que va a jugar, explicando que nosotros volvemos en unas horas, que no va a pasar nada, que qué buen día hace hoy...

Entonces saludamos al cuidador, le damos dos besos al niño, y nos marchamos, lo mejor es no prolongar mucho la despedida. De repente él corre y viene a nosotros, dice que no nos separemos nunca y monta un numerito. Lo mejor es tranquilizarle, decirle que volverás, que va a ser un ratito nada más, nos acercamos con él a la cuidadora, y, ahora sí, nos volvemos a ir.

Y cuando vayas a recogerle… “¿Te lo pasaste bien en la guarde? ¡Oh, qué dibujo más bonito! Lo colgaremos de la nevera. ¿Y esa canción te la han enseñado allí? Pues tenemos que cantársela a la abuela, que ya verás como le gusta...”

Entre 3 y 6 años:

A los 3 años el niño ya ha adquirido unos hábitos de comportamiento, relaciones afectivas estables y reconoce su entorno. Conviene prepararle para que se adapte mejor, explicarle qué es la escuela, contarle lo bueno y divertido que es el cole. Ir a ver su escuela. Jugar con él a “ir a ver la escuela”. Comprar con él lo relacionado con el colegio (ejemplo: el babi). Fomentar la autonomía personal al vestirse, o al comer para que se sienta más seguro de sí mismo. Iniciarle en el control de esfínteres y en la comida sin triturar.

De 7 a 12 años:

Durante el verano deben realizar actividades de repaso y unos días antes de empezar el curso instaurar el horario habitual. En estas edades la mejor manera de solucionar los conflictos escolares, y de todo tipo, es hablando. Nunca recurrir a castigos físicos o severas reprimendas, con ello se agravará el problema.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Diversión en el agua.

Diversión en el agua.

Entre las diversiones favoritas de los peques cuando llegan las vacaciones estivales se encuentran los parques acuáticos. Un parque acuático seguro debe cumplir una serie de condiciones.

EN EL RECINTO…

- A la entrada un plano detallado y una lista de las normas de funcionamiento, prohibiciones y limitaciones -que se deben leer atentamente-, con carteles que expresen claramente y de forma gráfica las precauciones, prohibiciones y limitaciones.
- Suficientes zonas de sombra.
- Suficientes puntos de agua potable, accesibles y bien señalizados.
- Asistencia sanitaria en el propio parque.
- Salidas de seguridad y accesos de emergencia.
- Instalaciones eléctricas cerradas y aisladas.
- Vestuarios cómodos y limpios.
- Suficientes duchas, antes del acceso a las atracciones.
- Pavimentos antideslizantes.
- El equipo de socorristas suficiente. Al inicio y al final de las atracciones, y en puntos intermedios si son muy largas.
- Piscina infantil independiente (profundidad máx. 0,6 m.)

EN LAS ATRACCIONES…

- Las juntas y superficies de las atracciones lisas, que no arañen ni raspen.
- Barandillas en las zonas donde hay riesgo de caídas.
- Travesaños de inicio o asideros en las atracciones.
- Diseños seguros: poca pendiente en tramos finales de los toboganes; peralte en las curvas; pistas con ondulaciones para regular la velocidad…

PARA MAYOR SEGURIDAD…

- No pierda de vista a los más pequeños. No se confíe, aunque lleven flotador.
- Si se produce un accidente, avise a los socorristas. Asegúrese de que el accidente queda reflejado en el parte de incidencias del día para que se sepa en las inspecciones y se tomen medidas.
- Para reclamar diríjase a los Servicios de Sanidad y Consumo de la Comunidad Autónoma. Guarde la entrada al parque: es su documento de prueba.

sábado, 1 de agosto de 2009

Niños al sol… ¡cuidado!

Niños al sol… ¡cuidado!

Siguiendo una serie de recomendaciones es posible que los niños tomen el sol sin riegos para su piel. Parece demostrado que una fotoprotección continuada hasta los 18 años de edad reduce significativamente el riesgo de cáncer de piel en el adulto.

- Jamás pongas a un niño menor de seis meses en contacto directo con la luz del sol. Nunca deben ser expuestos directamente al sol cuando el índice ultravioleta es superior a 5.

- Aumenta la exposición al sol de forma paulatina. Empezar con diez minutos e ir incrementando hasta un máximo de media hora al día. Nunca deben permanecer inmóviles al sol durante más de un cuarto de hora seguido. Bajo ningún concepto dejes que tu hijo se duerma al sol. Conviene estar en movimiento realizando otras actividades, beber pequeñas cantidades de agua, así como aplicarse agua sobre el cuerpo o bañarse para refrescar la piel.

- Utiliza una crema de protección solar a partir del índice 30. Debes aplicarla media hora antes de tomar contacto con el sol, en cantidad muy abundante y con la piel limpia. Esmérate en que también se cubran partes del cuerpo “olvidadas”: orejas, nucas, empeines, etc. Por las noches es conveniente retirarlo y aplicar crema o aceite hidratante para que la piel pueda respirar.

- Renueva la aplicación constantemente, sobre todo si está mucho tiempo en el agua, se seca con las toallas, o se llena de arena.

- Evita las horas de máxima intensidad solar, de 12 a 16 horas. Independientemente de si nos encontramos en la playa, ciudad o montaña. Es conveniente mantenerlos protegidos del sol, en espacios interiores o a la sombra. No sirve sentarlos bajo una sombrilla, ya que la arena refleja de forma abundante los rayos solares. Tampoco les protege estar dentro del agua.

- Evita los productos que contengan alcohol (perfumes, colonias…) antes de la exposición solar, ya que pueden causar manchas oscuras en la piel.

- Aunque todos los niños deberían llevarlos, sobre todo a los más pequeños, ponles sombrero, camiseta y gafas de sol. Las prendas más adecuadas son las de algodón, oscuras, poco porosas y secas. Es un error muy habitual tapar en exceso al bebé, en verano debe estar fresquito y evitar en lo posible que sude.

- Llévate una sombrilla y haz que se pongan debajo de vez en cuando.

- Oblígales a tomar mucha agua. Para compensar la pérdida de agua por el sudor, por la exposición solar, es conveniente beber abundante cantidad de líquido.

- Intenta que no jueguen mucho rato cerca de las olas, el reflejo del agua aumenta el efecto nocivo.

- No dejes de ponerles crema protectora por muy morenos que estén.

- Controla que no se estén recalentado, que se bañen y se mojen la cabeza cada poco tiempo.

- No te fíes de los días nublados, ya que los rayos ultravioletas, penetran las nubes, y pueden provocar igualmente serias quemaduras de piel.

- Para prevenir el envejecimiento cutáneo es recomendable consumir fruta fresca, verdura y cereales con un alto nivel de fibra y antioxidantes, como el betacaroteno (abundante en la zanahoria). Después de tomar el sol, la piel está deteriorada por el aire, la sequedad, el cloro o la sal, por lo que conviene tomar una ducha con agua sin usar jabones con demasiados perfumes, geles o esponjas. A continuación, aplicar una crema hidratante que nutra, refresque e hidrate la piel.

- Para evitar los golpes de calor en los bebes: Es fundamental que el bebe esté perfectamente hidratado. Si está siendo alimentado mediante lactancia materna (pecho) no es necesario darle ningún otro líquido, lo que sí será muy importante es que la mamá tome frutas, verduras y carnes, y beba al menos dos litros diarios de líquidos. Si el bebé se alimenta con otras leches maternizadas, será conveniente incorporar algún que otro líquido a su dieta.

jueves, 16 de julio de 2009

Los deberes y el veraneo.

Los deberes y el veraneo.

Cuando termina el curso escolar padres e hijos sienten cierto alivio porque se acabaron los horarios y el hacer los deberes y estudiar. Pero la realidad es que si durante el verano no ayudamos a nuestros hijos a que no olviden todo lo aprendido durante el curso, la vuelta al colegio supondrá un retroceso importante, y los primeros días del curso empezarán las clases bastante despistados.

Diferentes estudios han demostrado que las vacaciones de verano tienen un impacto negativo en su aprendizaje, ya que en la infancia, hasta alrededor de los 12 años, aprenden mejor cuando la instrucción es continuada. También se ha analizado a qué materias afecta más este periodo, comprobándose que las áreas donde los niños muestran una mayor pérdida son el cálculo y la ortografía. Sin embargo, en verano sí que suelen experimentar casi todos un avance en la lectura comprensiva, y eso debe ser porque pese a que estamos en vacaciones, lo de leer lo fomentamos más. En cambio lo de ponerle a hacer ejercicios de cálculo parece que nos resulta demasiado “duro”.

Pero, aunque no nos guste, ni a ellos tampoco, es necesario dedicar cada día un rato a repasar para facilitarles la vuelta al cole en septiembre. Los profesores suelen recomendar algunas tareas de refuerzo para el verano. Si no es así, existen en el mercado libros de repaso para que puedan reforzar todo lo aprendido durante el curso. Ponerle como tarea diaria el hacer una o dos páginas de estos libros.

Os ofrecemos unas recomendaciones para organizarle adecuadamente los deberes del verano y que obtenga de ellos el mayor beneficio posible.

Fijar un calendario para planificarle la tarea. Aunque en verano hay cierta relajación de horarios, surgen imprevistos, viajes… conviene hacerle un calendario realista de los días y materias que deberá realizar diariamente. Lo mejor es escribirlo, para que ellos puedan consultarlo. Hay que intentar cumplir este calendario, pero tampoco ser demasiado estrictos, porque también son sus vacaciones.

Establecer un horario para hacer los deberes. Cuanto más mayores sean más libertad debemos dejarles para que sean ellos quienes elijan la hora, que siempre se puede cambiar, si no funciona, aunque los padres deben preocuparse de que se cumpla. Un buen momento es después de desayunar, que suele ser un tiempo muerto, además, les deja libres el resto del día, y sobre todo, están descansados, aprovecharán más el tiempo y rendirán más.

Deben tener un sitio adecuado para hacer los deberes. No han de tener distracciones (televisión, voces, gente alrededor…) y tener fácilmente accesible todo el material que puedan necesitar. Un lugar que ha de permanecer ordenado, responsabilidad que le corresponde a tu hijo.

Debes sentarte con ellos (si son más pequeños) y revisar los que hacen. Deben percibir que estás accesible para resolver sus dudas e interesado por sus tareas. Para los niños los deberes no deben ser un castigo que han de afrontar solos. No se trata de hacerles los deberes, sino de estar cerca para animarles y controlarles un poco.

Muchos padres tienen la sensación de que no pueden ayudar a sus hijos en las materias escolares, como en el inglés, matemáticas… pero no hay que olvidar que ayudarles con los deberes no significa hacérselos, sino ayudarles a resolver los problemas que se les planteen, enseñarles a encontrar ellos mismos las soluciones (buscar en un diccionario o internet, por ejemplo) y que se sientan apoyados y puedan sacar el máximo partido de su esfuerzo.

Leer con ellos. Ir juntos a la biblioteca o a una librería, y que elija un libro para leer contigo. Es importante recordar que la lectura ayuda a mejorar en todas las materias, más aún, es la clave del aprendizaje de toda la vida. Si no te pones a su lado a leer todo el tiempo, por lo menos hazle preguntas sobre lo que lee, que te lo resuma y explique, que al mismo tiempo, es una magnífica forma de reforzar la memoria y la capacidad de expresión.

C.V.G. - Psicólogo colegiado nº CV-02211-

miércoles, 1 de julio de 2009

Bebés al agua.


JUL/09



Bebés al agua.


<!--[if !vml]--><!--[endif]-->El ejercicio acuático es una buena manera de mantenerse en forma, relajarse y aumentar la capacidad de resistencia. Y no es un ejercicio exclusivo para mayores. Cada vez más niños, y desde edades más precoces, se benefician de esta actividad y toman un primer contacto con lo que puede convertirse en una recomendable afición.
Los niños se acostumbran al agua y a unas normas claras acerca de los baños, por lo que sus actos son menos imprevisibles que los de los más mayores. Sin embargo, la actitud que adoptan los padres y el conocimiento acerca de cómo hay que introducir a los más pequeños en el agua es fundamental para evitar errores y para que no se produzcan accidentes.


Hasta los bebés pueden beneficiarse de este medio. Se puede utilizar la actividad acuática para multiplicar las habilidades motrices del niño. Sin embargo, hay que tener presentes algunos aspectos, como saber cómo familiarizar al bebé con el entorno, cómo ayudarle a entrar en el agua y cómo ayudarle a realizar los movimientos.


Por ejemplo, nunca hay que entrar con el bebé en la piscina ni saltar al agua, puesto que podría asustarle.
Por el contrario, el método más eficaz es sentarlo en el bordillo mientras otra persona lo sujeta por detrás. Si no hay nadie que pueda ayudarte, puedes dejarlo tumbado y después introducirlo lentamente.


Cuando ya estéis en el agua hay que adaptarlo a la temperatura y moverte haciendo pie y muy suavemente. No hay que olvidar que el bebé puede estar asustado, por ello tienes que hablarle, explicarle que se trata de una bañera muy grande e, incluso, cantarle.


Para ayudarle a moverse en el agua, apóyalo sobre tu pecho y colócalo boca arriba sujetándolo con las manos planas por la cintura. Inicia un movimiento hacia atrás, suave y serpentean
te.


Si ves que tu bebé está disfrutando, puedes continuar con otros movimientos como realizar el mismo movimiento boca abajo y sujetándolo de manera que el pequeño no introduzca la cabeza dentro del agua.


Recuerda que el ejercicio en el agua...
- Aumenta la habilidad corporal del bebé.
- Estimula el tacto.
- Despierta los reflejos y la capacidad de supervivencia.
- Enriquece las experiencias motrices del niño.
- Les ayuda a mantenerse en forma y mejorar su tonicidad.
- Fortalece la capacidad respiratoria.
- Aumenta su resistencia.
- Les ayuda a relajarse.

lunes, 1 de junio de 2009

Ansiedad ante los exámenes

JUN/09



ANSIEDAD ANTE LOS EXÁMENES.



Si tu hijo manifiesta un nerviosismo excesivo ante los exámenes, no sólo el mismo día del examen, sino incluso durante el período de su preparación; y/o manifiesta haberse “quedado en blanco” durante uno o más exámenes, o situaciones similares de falta de rendimiento durante el examen… Puedes sugerirle que lea las recomendaciones que exponemos. Si esto no es suficiente, debe consultar al psicólogo de su centro escolar.



¿Qué es la ansiedad ante los exámenes?



La ansiedad ante los exámenes consiste en el malestar y reacciones emocionales negativas que algunos alumnos sienten ante los exámenes.



El miedo a los exámenes es, en cierta medida, una reacción racional, pero cuando se da a niveles muy elevados, es cuando puede interferir seriamente en la vida de la persona, hasta el punto de determinar gran parte del futuro académico de la persona.



La ansiedad ante los exámenes puede ser “anticipatoria”, si el sentimiento de malestar se produce a la hora de estudiar o al pensar en qué pasará durante el examen, o “situacional” si ésta acontece durante el propio examen.



¿Por qué se produce la ansiedad ante los exámenes?



En la mayoría de las ocasiones existe un suceso real que activa la ansiedad, como una experiencia anterior de bloqueo en un examen, o de haber sido incapaz de recordar respuestas sabidas.



Si la preparación para el examen ha sido la correcta, la ansiedad puede estar debida a pensamientos negativos o preocupaciones. Puede que estés pensando en exámenes anteriores, en cómo otros compañeros están haciendo el examen o en las consecuencias negativas que prevés de hacer un mal examen. También es posible que sea debido a una falta de preparación para el examen, ¡lo cual no deja de ser una buena razón para estar preocupado! En estos casos, errores en la distribución del tiempo, malos hábitos de estudio o un “atracón” de estudio la noche anterior, pueden incrementar considerablemente la ansiedad.



¿Cómo afecta la ansiedad ante los exámenes?



Los efectos de la ansiedad se dan a nivel fisiológico, psicológico y emocional. Las reacciones a nivel fisiológico pueden incluir taquicardia, tensión muscular, náuseas, sequedad de la boca o sudoración.



A nivel psicológico se puede experimentar una imposibilidad de actuar, tomar decisiones, expresarse uno mismo o manejar situaciones cotidianas. Como consecuencia, se puede tener dificultad a la hora de leer y entender preguntas, organizar pensamientos o recordar palabras o conceptos. También es posible experimentar un bloqueo mental (o “quedarse en blanco”), lo que se manifiesta en la imposibilidad de recordar las respuestas pese a que éstas se conozcan.



Por último, las reacciones emocionales pueden llevar a sentirse aprehensivo, inquieto, enfadado o desvalido.



¿Qué puedes hacer para reducir la ansiedad?



Las siguientes estrategias te pueden servir de orientación para afrontar la ansiedad ante los exámenes. Su utilidad se puede incrementar dependiendo del compromiso de cambio que adoptes.



Puntos esenciales para manejar la ansiedad:



- Procura exponerte ante las situaciones que te produzcan ansiedad. Este paso es necesario para abordar la ansiedad en general, y con ello ir acrecentando día a día tus habilidades para manejarla. No evites asistir a un examen por el miedo a quedarte en blanco, el desarrollo de habilidades para afrontar la ansiedad es un proceso gradual, que irás afianzando en los sucesivos exámenes.



- Intenta reconocer las emociones que acompañan la respuesta de ansiedad en las situaciones críticas. El objetivo es el de detectar con la mayor premura posible la aparición de la ansiedad, y poner así en marcha estrategias para impedir que ésta aflore, como la respiración abdominal. Esta consiste en respirar fuerte y pausadamente llenando totalmente los pulmones desde el abdomen, algo que no solemos hacer en la respiración normal.



Mientras estudias:



- Asigna el tiempo necesario de estudio para hacer todas las cosas que necesites antes del examen (revisar material de estudio, hacer esquemas, repasar los temas...).



- Aumenta la confianza en ti mismo revisando frecuentemente el material.



- Establece metas de estudio y afróntalas de una en una para no saturarte.



- Para profundizar más en estas estrategias te puede interesar consultar materiales sobre Técnicas de estudio y Organización del tiempo.



- Si te sientes nervioso, trata de relajarte con alguna de las siguientes técnicas:



1- Respiración abdominal como se indicó anteriormente en las pautas esenciales.

2- Tensa y relaja diferentes grupos musculares. Por ejemplo, tensa los hombros durante pocos segundos y a continuación déjalos caer. Siente la sensación de relax que esto produce y aprende a identificar estados de tensión de los músculos para relajarlos inmediatamente.

3- Piensa positivamente sobre ti. Tómate ratos para pensar en: respuestas racionales a pensamientos negativos (p.e. en vez de decir “Voy a suspender” di “Tengo la habilidad para aprobar, sólo necesito trabajar más”), pensamientos que te ayudan a manejar el estrés (p.e. “Un poco de activación me puede ayudar. Así lo haré lo mejor que pueda”) y pensamientos que te ayuden a mantenerte concentrado (p.e. “Puedo responder a la pregunta si elaboro la respuesta en pequeños subapartados”).



Antes del examen:



- Llega suficientemente pronto como para sentarte en un sitio en el que te encuentres a gusto.



- Evita encontrarte con gente que pienses que pueda hacerte dudar sobre tu preparación.



- Cuando recibas el examen, lee las instrucciones un par de veces y organiza tu tiempo de forma eficiente.



- No te apresures si ves que tus compañeros acaban antes, trabaja tranquilamente a tu ritmo.



Durante el examen:



- Algunas de las técnicas de relajación que puedes usar durante la fase de estudio también te pueden servir durante el examen, como la respiración profunda o la tensión-distensión de los músculos. Tómate un par de minutos de descanso si crees necesario practicarlas.



- Empieza con las preguntas más sencillas, lo que te reforzará y hará que afrontes con mayor seguridad las preguntas más difíciles.



- Pregunta al profesor aquellas dudas que te surjan durante el examen.



- Piensa en cosas positivas que te ayuden a mantener la concentración durante el examen, como “Esto es sólo un examen”, “Estoy familiarizado con el material”...



- Piensa en que tras el examen te podrás dar algún capricho.



C.V.G. - Psicólogo colegiado nº VC-02211-





viernes, 1 de mayo de 2009

Mi hijo tiene malas notas


MAYO/09


MI HIJO TIENE MALAS NOTAS.
Generalmente, los padres suelen ir al colegio a fin de año, o al cerrar un trimestre, cuando aparecen las malas notas, que son los síntomas. No hay que esperar hasta fin de año para prevenir el mal rendimiento de los niños y adolescentes en el colegio. El mejor modo de evitarlo es ayudar a que los chicos asuman sus responsabilidades desde el principio del curso, la mejor prevención es promover buenas conductas de estudio desde el inicio y hacer un seguimiento. No existen recetas mágicas, hay medidas preventivas que se pueden aplicar a lo largo del año.
Entre los consejos más apropiados que se pueden sugerir a los padres de chicos adolescentes, los especialistas recomiendan:
- Conversar con ellos sobre los problemas en la escuela, evitar culparlo de entrada si comienza la sucesión de malas notas, pero sí responsabilizarlo por no haber cumplido con sus obligaciones.
- Establecer un buen diálogo, y periódico, con el colegio.
- No desautorizar al profesor en el hogar, saber poner límites a tiempo, desarrollar el sentido de la responsabilidad.
- Asegurarles, en lo posible, un espacio y un tiempo para su estudio, sin olvidar su tiempo de descanso y evasión.
Colaboración padres/ escuela.
Hay que averiguar por qué les va mal en el colegio. Algunos padres culpabilizan muy rápidamente a los chicos y los castigan porque no estudiaron lo suficiente. Las medidas en cada caso son diferentes. Incluso cuando hay un tema de rebeldía, propio de la adolescencia, tampoco es bueno pegar el grito antes de ver cuál es el problema, porque no permite comprender qué pasa y trabajar en una solución. Hay alumnos que tal vez no comprenden lo que ven en clase y por eso les va mal.
En una próxima edición de entrenanos analizaremos cuáles pueden ser estas causas de su mal rendimiento.
Para poder hacer este diagnóstico hay que empezar por establecer un buen diálogo con la escuela y evitar descalificar al docente frente a los chicos. Los padres deben acudir al colegio y hablar con el profesor de las materias en que presentan dificultades para entender cómo ven ellos el tema y qué consejos les dan para resolverlo.
Los padres no deben actuar solos. Conviene que las medidas sean consensuadas con los chicos y con los docentes. Y luego, los padres tienen que estar pendientes de cómo va la situación, hacer un seguimiento. Deben apoyar al chico, ayudarlo a organizarse y aconsejarlo para que tome las decisiones correctas.
Muchas veces al chico le falta un adulto que le diga que no. Para que pueda crecer y desarrollarse necesita de una autoridad atenta al diálogo, pero también firme. Los padres deben asumir el rol de padres y saber poner límites a tiempo. Si uno ve que su hijo está dos semanas tirado en un sillón o viendo televisión, es una señal clara de la necesidad de poner límites.
Para entender bien qué pasa es fundamental entablar un diálogo en serio con los hijos. Hablar con el chico, de forma frontal y sin medias tintas. Preguntarle qué le pasa y plantearle la importancia que tiene lo que puede recibir del colegio. No se trata sólo de obtener un certificado, sino que sienta las bases de su futuro.
Darles mensajes claros a los chicos y evitar los dobles discursos es también central. Los padres formalmente siempre van a decir a su hijo que lo más importante es que estudie, pero si después el chico los escucha decir cosas como “al fin y al cabo tanto que estudié y ahora no tengo trabajo, para qué me sirvió”, se le está desmotivando para que estudie.
Otra estrategia muy común, y que es perjudicial, es ponerle una “colección” de profesores particulares. Si bien es válido para una materia puntual, en tiempos de exámenes, y algunos jóvenes pueden necesitar este apoyo, hay alumnos capaces que tienen profesores particulares desde el primer día de clases y, de esta forma, la tarea del chico en el aula (escuchar, atender y, si no entienden, preguntar a su profesor) la postergan para cuando el profesor particular va a sus casas. También los padres deben evitar asumir el rol de maestro. El padre puede colaborar con su hijo, pero sentarse frente a él en actitud de profesor lo único que hace es deteriorar la relación de padre-hijo. Una buena idea es que lo ayude, por ejemplo, un compañero al que le esté yendo bien en esa materia.


C.V.G. (Psicólogo colegiado nº CV-0221)

miércoles, 1 de abril de 2009

Fomentar la lectura en casa


ABR/09



2 de Abril .- Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil.



23 de Abril.- Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor.



FOMENTAR LA LECTURA EN CASA:



El método más sencillo para aficionarse a la lectura es leer. Los padres de familia pueden y deben inculcar en sus hijos este gusto, principalmente porque ello ayudará a que vean el estudio con placer y facilitará el aprendizaje: “Hay que aprender a leer, porque hay que leer para aprender”. Aquí tienen unos buenos consejos.



Forme una pequeña biblioteca en casa, aunque sea con libros de bajo costo... incluso con libros de segunda mano. Pero escoja libros que estén al alcance de sus hijos: literatura sencilla, poesía, divulgación científica, libros infantiles, diccionarios, enciclopedias, etc. También déjelos escoger sus libros cuando visiten las librerías.



Lea en la casa para dar ejemplo a sus hijos. Usted, padre o madre de familia.. . es un ejemplo que ellos seguirán.



Cada noche dediquen un tiempo de lectura familiar antes de dormir... unos 20 ó 30 minutos. Deje que sus hijos seleccionen los libros que serán leídos y deje que sean ellos quienes lean, o bien, por turnos: una noche lo hace uno de los hijos; la siguiente uno de los padres... y así sucesivamente. Pero hagan pausas para comentar el contenido de la lectura de una página o de un capítulo corto. Esto les enseñará a hacer lectura crítica. Si nota que un libro no les está gustando... déjelo de leer y empiecen otro.



Lea en voz alta a los niños que aún no saben leer... pero léales de una manera ade cuada... es decir, cambiando la voz en cada personaje y gesticulando de acuerdo con la trama del libro.



Después de leer un libro, realice con sus hijos alguna actividad relacionada con el tema. Por ejemplo, si leyeron un libro sobre los animales de una granja, hacer una visita a una granja real; o si han leído un libro sobre un pintor, ir a un museo a ver sus obras. Esta actividad no sólo reforzará lo aprendido, sino que también despertará en los niños el interés por la investigación; además, servirá para que los niños se den cuenta de que la lectura tiene aplicación práctica.



Al terminar la lectura del libro, dense un premio todos, como un paseo o una salida a comer fuera de casa, u otra actividad que todos disfruten.



Siempre que haya ocasión, regáleles libros... independientemente de que les regale otra cosa también. El día de su cumpleaños puede regalarles un juguete o una prenda de vestir... ¡y un libro! Así se darán cuenta del valor que usted le da a los libros. Con el tiempo, ellos llegarán a apreciarlos tanto como usted.



Varíe el tipo de libros que se leen en casa, a menos que sus hijos se muestren muy interesados en un solo tema. Si es así, aliéntelos comprándoles, poco a poco, más libros sobre ese tema.



No les prohíba ver televisión, pues si lo hace y ellos creen que es porque 'deben' leer, acabarán odiando los libros. Por el contrario, déjelos escoger uno o dos programas televisivos diarios. Es buena idea buscar libros que tengan alguna relación con los programas de televisión que sus hijos ven. De ninguna manera condicione el tiempo de TV a que hayan terminado una lectura. Además, hay canales televisivos con programas sobre el ecosistema, el mundo animal, el mundo marino, culturas antiguas, etc., que se pueden combinar incitando a sus hijos a la consulta en libros sobre dudas que surjan en lo que han visto.



Participen en juegos de mesa que se relacionen con la lectura. También hagan crucigramas en familia, con la ayuda de una enciclopedia o un diccionario enciclopédico.



Utilice también revistas como material de lectura... pero escójalas con mucho cuidado.



De vez en cuando visiten bibliotecas públicas y aprendan todos a buscar los libros por tema y por autor. Aprendan a preparar fichas bibliográficas en las que resuman el contenido de cada libro que lean. En los libros de investigación documental se explica el procedimiento. También el encargado de la biblioteca les puede enseñar a preparar estas fichas, lo que les será de inmensa utilidad en sus estudios.



Permita que sus hijos guarden donde ellos quieran los libros que les han prestado o les han regalado o que ellos mismos hayan comprado con su dinero. Así, lo verán como su tesoro. Pero, por otro lado, haga que los compartan con sus hermanos, con el compromiso de que éstos los cuidarán como si fueran propios.



Cuando exista una película basada en un libro (adecuada para los hijos), prométales llevarlos a verla o alquilarla en el vídeo-club, en cuanto terminen de leer el libro.

domingo, 1 de marzo de 2009

"La edad del pavo"


MAR/09


LA EDAD DEL PAVO:


En el adolescente, sus pensamientos, sus emociones, son un hervidero de problemas, inseguridad, dudas y contradicciones. No sabe quién es ni lo que quiere, se ve inestable en sus propósitos. Y, en sus conductas visibles, reacciona de una forma sorprendente: se muestra cabezota, obstinado en las discusiones, lleva la contraria casi por sistema, habla poco y cuando lo hace es mediante susurros; o, lo que es peor, a gritos, como quien está seguro de todo y acaba de descubrir la verdad de las cosas. Discute sólo para ganar, para hallar en la lucha dialéctica esa firmeza de la que carece.
Necesita derrocar la autoridad paterna, por eso es contestatario. Pero cree que sólo esa ruptura le va a conducir a la emancipación. Con esa oposición sistemática están reivindicando ante los adultos el "yo no soy tú". Necesitan ser autónomos y que se les reconozca como independientes en algunas cuestiones. Pero a la vez, y esto desconcierta y altera a los padres, no se muestran responsables con sus estudios, ordenar su habitación o con sus gastos personales.
Los padres les repiten "si quieres hacer tu vida y ser independiente que sea para todo: para estudiar y para organizarte mejor" y ellos responden que el único problema es que no les comprendemos. Los adultos también hemos sido adolescentes, pero hace 30 años vivíamos en una dictadura, no había más que una TV, no existían los ordenadores ni Internet, en la escuela las clases no eran mixtas, se pensaba que la masturbación era pecado, las familias de dos y tres hijos eran lo normal, los jóvenes despertaban al sexo en la veintena y no había preservativos ni educación sexual alguna, el trabajo abundaba, el rock era cosa de desquiciados, y sólo iban a la Universidad unos pocos elegidos. Cualquier parecido con la realidad actual es pura coincidencia. Partamos de ello, y estaremos más capacitados para entender el mundo interior de los adolescentes, y más motivados para observarles con atención y escucharles con paciencia, cercanía y cariño. Ahora bien, aunque podamos ceder en cosas para ellos importantes (apariencia externa, gustos musicales y aficiones, amistades, horarios en días festivos...) hemos de mostrarnos firmes en lo fundamental: respeto a padres y hermanos, responsabilidad en sus deberes académicos y hogareños, salud y seguridad personal... Porque, aunque se oponen a cualquier autoridad, necesitan una referencia, unas certidumbres que alivien su estado de duda y les sirvan de orientación.
Si desde un principio hemos mantenido en esta etapa una actitud de escucha y comunicación, combinando el afecto con las concesiones y la firmeza, es muy probable que vuelvan a la normalidad de la vida familiar. Porque, desde esa serenidad adquirida, percibirán a la familia como el valor seguro que es.
Los padres y adultos para no perderse en el estado de ebullición mental y física que su edad y cambios físicos le generan, poco pueden hacer, más allá de recabar información sobre sus hábitos. Ante la influencia del medio social, tan llena de riesgos, los padres pueden adoptar posiciones extremas: prohibición total, protección excesiva, obsesión por saber todo lo que hace el hijo/a... Sin embargo, la flexibilidad es la actitud más inteligente: no discutamos por las cuestiones menores, pero defendamos una posición firme, aunque siempre razonada, sobre ciertos hábitos que atentan contra la salud, la seguridad o el ritmo de algunas diversiones que impiden que cumpla con los estudios o se alimente y descanse correctamente. Nos resulta difícil comprender por qué van en masa, bailan al mismo ritmo, visten igual y escuchan la misma música. Pero es su entorno social, que sienten como protector de su inseguridad. Ahí están a gusto. Se defienden frente a un mundo adulto que consideran agresor. Y entre las masas y su grupo de iguales (amigos) van incubando su proceso de emancipación. En períodos posteriores, dejarán de necesitar a la masa protectora e irán por libre. Los padres deben esperarles con las puertas abiertas, pero sin alejarse, sin perder el hilo de por dónde y cómo se manejan en ese proceso de construcción personal.
Despierta el sexo:
En esta edad el despertar de lo sexual y la atracción por el otro sexo, se vive con temor y aflicción, y se percibe como un descubrimiento espectacular. Con la evolución de las costumbres, se han modificado las conductas adolescentes respecto al sexo. Ahora, ellas también toman la iniciativa. Los modos y estrategias de seducción son más abiertos y directos, y se activan tanto por los chicos como por las chicas. Este descubrimiento de la sexualidad conduce a la exploración del placer que produce practicarla, a solas o en compañía.
Hoy, pocos adolescentes ven el sexo como algo perverso o pecaminoso. Se esconden casi lo mismo que lo hacían sus mayores, pero no temen tanto la práctica del sexo. Para los padres, la actividad sexual de sus hijos adolescentes es, ante todo, un problema: de conciencia moral ("pero si son tan jóvenes que..."), de estilo ("en nuestra época, el sexo era una cosa más romántica, más elegante...") y, fundamentalmente, de riesgo ("mira que si la dejas embarazada" o "si te quedas encinta, qué harías con un niño a los 17 años"). Pero para muchos adolescentes, el sexo es una aventura apasionante por la que merece la pena asumir ciertos riesgos. Prohibir drásticamente propicia que lo practiquen con conciencia de culpa, que no soliciten la información necesaria y que corran riesgos evitables, como las enfermedades contagiosas y el embarazo no deseado.
Tanto educadores como padres debemos proporcionar a los adolescentes informaciones claras y completas, primando, la recomendación de un sexo consciente, responsable, seguro y placentero. Los adolescentes necesitan comprobar las posibilidades y habilidades de lo que perciben como nuevo continente físico, su propio cuerpo. Por ello, la práctica de deportes es particularmente aconsejable en esta edad.
¿Qué hacer?
Hay algunas manifestaciones típicas de esta edad que preocupan a los padres: el fracaso escolar, el inicio en el consumo de alcohol y drogas, las conductas marginales, ese aislamiento de todo y de todos que puede exigir la intervención de un psicólogo... Lo cierto es que cada adolescente es todo un mundo que hemos de conocer, y podemos ayudarle si…
…nos mantenernos informados de cómo evolucionan sus sentimientos y emociones, su cuerpo y sus relaciones sociales,
…estamos abiertos a la comunicación con él/ella, en cualquier circunstancia,
…intentamos descubrir qué les agrada y les escuchamos con paciencia e interés,
…facilitamos su emancipación, cediéndoles paulatinamente cotas de libertad y de responsabilidad,

…nos mostramos flexibles en lo accesorio, y firmes en lo fundamental,

…sabemos esperar (mirando a medio plazo) a que “se le pase” y procuramos, siempre, ponernos en su pellejo; para ello, debemos conocerle y respetarle mucho.




C.V.G. - Psicólogo Colegiado Nº CV-02211-