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martes, 6 de octubre de 2009

Cómo prevenir el acoso escolar.

Cómo prevenir el acoso escolar.

Las burlas o las agresiones son frecuentes para los chicos que sufren el rechazo por ser estudiosos o por no destacar como líderes. Cuando nuestros niños son pequeños podemos poner en práctica una serie de estrategias para ayudarle a enfrentarse a este tipo de situación llegado el caso. Desde luego nadie nos asegura como reaccionará, pero si está más preparado para ello, más fácil será que lo cuente a alguien o que no tenga miedo.

- Lo primero que tendrás que fomentar es una buena comunicación padre hijo. Desde muy pequeño tendrás que aprender a escuchar sus problemas y a ayudarle a buscarles solución por sí mismo. Podréis proponer, juntos, muchas ideas posibles que solucionan el problema y más tarde elegir cual es la mejor solución y ponerla en práctica. De este modo enseñaras a tu hijo a no hundirse ante un problema y a salir airoso de él y también a pedir ayuda cuando no sepa qué hacer.

Siempre debes ayudarle y no criticarle cuando te plantee un problema, por tonto que sea; para él es algo muy importante y en su mente infantil necesita tener la solución necesaria para hacerle frente. Pero ayúdale para que él lo solucione, no seas tú quien ponga en práctica la solución, debe ser él.

Si tu respuesta es ayudarle a buscar la solución mejor, cuando sea mayor sabrá que puede contar contigo para lo que sea y no tendrá miedo de contarte sus cosas porque sabrá que vas a apoyarle. Si por el contrario, cuando el niño te plantea un dilema respondes con hosquedad, sin darle importancia, dejándolo para luego o regañando al chico, éste aprenderá que no puede contar contigo y además estará sin estrategias con las que luchar cuando le llegue el caso. Se transformará en un chico sin recursos y tal vez tímido y callado, con miedos.

Para conseguir una buena comunicación con tu hijo tendrás que empezar desde el principio, haciéndole caso cuando se cae, cuando discute con otro niño por un juguete, cuando está triste cuando le ha ocurrido algo, cuando se ha quedado el último en la carrera, etc. Ante todas estas frustraciones, los padres tendrán que enseñar a su hijo a superarlas y a afrontarlas con naturalidad, como algo normal que nos ocurre a todos y por lo que no se es ni mejor ni peor.

Con todas estas cosas conseguirás un nivel de confianza y de comunicación que será abono para un futuro, cuando sea adolescente y se vuelva más cerrado solucionará los problemas por su cuenta, como le has enseñado, y ante algo más fuerte, que no puede con ello, acudirá a ti.

- Es importante que tu hijo no tenga miedo a las figuras de autoridad. Es muy típico fomentar el miedo a los profesores, policías, guardias , etc como si fueran alguien malo.

Los padres tienen que servir de modelo para que el niño entienda que los policías están para ayudarnos, los profesores para enseñarnos, etc... Nuestro trato con ellos enseñará al niño a que no hay por qué tenerles miedo y será más fácil que comente sin darle importancia cualquier cosa extraña que haya ocurrido con el profesor.

- También es vital enseñar a tu hijo seguridad y autoestima, tendrás que ayudarle a enfrentarse a determinados retos para que entienda que puede conseguirlo.

Cuando inicie una actividad novedosa y transmita ansiedad, preocupación o miedo a no conseguirlo, tu función será animarle y convencerlo de que sí puede hacerlo, podrás ir dándoles las instrucciones paso a paso para que sepa cómo ir consiguiendo metas poco a poco y llegar a la meta final. Después tendrá que recibir un refuerzo (una alabanza o un premio) por haberlo conseguido. Si, por el contrario, le sale mal, podréis volver a intentarlo siguiendo pasos distintos y reforzando siempre su esfuerzo. Esto será la forma adecuada para que tu hijo gane en seguridad y confíe en sus posibilidades.

A la hora de enfrentarse a un posible agresor o acosador, estará convencido de que no se merece eso y lo contará a los mayores para que le ayuden, defenderá sus puntos de vista y sabrá dar respuestas adecuadas a su agresor sin amedrentarse.

- Aunque tu hijo aún sea pequeño, es importante que estés atento a cualquier cambio que se produzca en su comportamiento o estado de ánimo y acude inmediatamente al colegio a hablar con los tutores para ver si han detectado algo. Cuando un niño no quiere ir al colegio es por algo, tiene miedo de algo o no quiere enfrentarse. Puede que sea una tontería pero es mejor asegurarse y sobre todo interrogar al niño dulcemente para conseguir información.

Para saber más: http://www.acosoescolar.info/padres/index.htm

jueves, 24 de septiembre de 2009

Prevenir el fracaso escolar.

Prevenir el fracaso escolar.

La tasa de fracaso escolar en nuestro sistema educativo es de alrededor el 30%... una verdadera barbaridad. Reflexionemos sobre los factores que influyen para que los pequeños tengan problemas escolares y cómo podemos atajarlos desde los primeros años de colegio.

Ambiente familiar.

Los niños necesitan un ambiente familiar rico en estímulos, donde capten una verdadera implicación de la familia en su vida escolar. Hay que dedicar tiempos de atención «exclusiva» a los estudios en casa.

Autoestima.

Un niño con baja autoestima siente que no es capaz de alcanzar lo que se propone. Hay que darles una imagen positiva de quiénes son y de lo que hacen, no son torpes, necesitan esforzarse. Hay que enseñarles a aceptar los errores y las dificultades, y no venirse abajo, hay que alabarles por su esfuerzo y sus pequeños logros.

Atención.

Desde muy pequeños hay que habituarles a tareas que les ayuden a centrar su atención con juegos y tareas sencillas apropiadas a su edad. Para aprender es fundamental que sean capaces de concentrarse.

Lectoescritura.

La lectura y la escritura son imprescindibles para todas las asignaturas y si no las dominan, el edificio se tambalea desde sus cimientos. Hay que ofrecerles modelos adecuados desde pequeñitos y fomentar en ellos el amor por la lectura y la escritura. Si observamos dificultades en este campo, es preciso acudir a un especialista cuanto antes.

Motivación.

El desinterés y el rechazo por todo lo que huele a colegio conlleva falta de esfuerzo personal y abandono de sus tareas. Debemos fomentar en ellos el afán por hacer las cosas por sí mismos y la alegría por conseguir las metas que se marquen. Es preferible valorar más sus logros que reprochar los fracasos. Conviene darles una imagen positiva de lo académico: evitemos comentarios sobre lo «rollo» que es el cole o la rabia que da volver a clase el lunes.

Hábitos de estudio.

A estudiar también se aprende. De nada sirve que se pasen las horas muertas delante del libro. Desde muy pequeños desarrollemos el hábito de un tiempo diario para tareas escolares y, más adelante, proporcionarles unas técnicas de estudio que les permitan aprender de forma ágil y eficaz. Deben tener en casa con un rincón de estudio libre de distracciones.

Señales de alerta.

Ciertas circunstancias transitorias pueden convertirse en la base de un fracaso escolar si no se detectan a tiempo:

- Una pequeña anemia (detectable con un simple análisis de sangre) puede ser el origen de esa apatía que perjudica su rendimiento. Una pérdida auditiva o algún defecto en la visión, les pueden hacer ir cada vez más rezagados.

- La falta de estabilidad familiar les afecta muchísimo: una época en la que haya más problemas, discusiones o reproches en casa. Suelen aprovechar peor las clases, ya que tienen la cabeza en otro sitio. Si se pasa por un mal momento en casa, charlemos con ellos para darles seguridad.

- No sentirse aceptado por los compañeros o no tener amigos puede hacer que se retraigan académicamente. Por no hablar de los complejos: verse gordo, avergonzarse de llevar unas gafas o rechazar el aparato corrector de los dientes.

Medidas preventivas.

Hay que actuar ante la aparición de las primeras dificultades. No es bueno pasar por alto las malas notas una y otra vez sin poner medidas. Acordar con su profesor cómo ayudarle en casa.

Hay que concebir el curso como una carrera de fondo. De nada sirve el sprint final en los exámenes de junio si no se han conseguido buenas calificaciones desde el inicio de curso.

Evitar que se instalen en el papel de perdedores. Aunque las notas suelan ser malas, cuidemos su autoestima para que no sientan el fracaso como algo esperado y normal. Sobre todo alabar sus logros y su esfuerzo, y animarles a superarse.

martes, 1 de septiembre de 2009

Todos al cole.

Todos al cole.

La vuelta al cole no suele presentar mayor problema para los niños, pero en los más pequeños conviene tener en cuenta que es una situación nueva que puede provocar ansiedad, insomnio, pesadillas, cambios en el estado de ánimo…

Entre 0 y 3 años.

Hasta los 9 meses el bebé no ha desarrollado el suficiente apego con los padres. Ir a la guardería no es traumático porque su conocimiento del mundo es escaso. Entre 1 y 2 años han desarrollado el apego con sus padres, tienen recursos para llamar la atención y reclamar lo que quieren. Es posible que llore desconsoladamente al dejarle en el cole. Poco a poco irá aceptando su nuevo entorno. Unos días antes de ir al cole explicarle lo que va a ocurrir, hablarle positivamente de la escuela, enseñarle dónde está y cómo es. Durante los primeros días es mejor un horario progresivo (de menos a más horas), y deben ser los padres quienes le acompañen.

El primer día de guardería.

Antes de: Nuestro objetivo es que el niño vea con normalidad el ir a la guardería. Un buen truco, por ejemplo, sería decirle que si se porta bien le dejaremos ir a la guardería... pero para que esto funcione, tenemos que dar antes otros pasos.

Como ahora va a tener que levantarse en función del horario que tenga la guardería, ir adaptándole por lo menos desde la semana anterior. Tenemos que conseguir que duerma sus horas, para que no le cueste salir de la cama, desayunar tranquilamente, e ir a la guarde sin apuros.

Para irle preparando tampoco es mala idea que le hagamos un asiduo del parque, para que se acostumbre a pasar cada vez más rato sin preocuparse de otra cosa que no sea jugar. ¿Que se lo pasa bien en el parque? Pues aprovecha eso y dile que la guarde es como un parque pero mejor, porque hay más niños y más juguetes. Tenemos que ayudarle a que se forme una imagen positiva de la guarde, y para ello nada mejor que meter todo lo que le gusta en ese saco: ¿que al niño le gusta pintar? Pues hay que decirle que allí se pinta muchísimo. Que ya le gusta preguntarnos el por qué de esto y de aquello, pues le decimos que cosas como esas son las que enseñan allí. También puedes contarle cosas muy buenas que te hayan pasado allí a ti o a otro niño: “tu primo al principio tenía miedo pero al final ya no había quien le sacase de allí... ¿has visto sus amigos? Pues todos se conocen de la guarde...”

Despedida y reencuentro: Hay que llegar con naturalidad, hablando tranquilamente de lo mucho que va a jugar, explicando que nosotros volvemos en unas horas, que no va a pasar nada, que qué buen día hace hoy...

Entonces saludamos al cuidador, le damos dos besos al niño, y nos marchamos, lo mejor es no prolongar mucho la despedida. De repente él corre y viene a nosotros, dice que no nos separemos nunca y monta un numerito. Lo mejor es tranquilizarle, decirle que volverás, que va a ser un ratito nada más, nos acercamos con él a la cuidadora, y, ahora sí, nos volvemos a ir.

Y cuando vayas a recogerle… “¿Te lo pasaste bien en la guarde? ¡Oh, qué dibujo más bonito! Lo colgaremos de la nevera. ¿Y esa canción te la han enseñado allí? Pues tenemos que cantársela a la abuela, que ya verás como le gusta...”

Entre 3 y 6 años:

A los 3 años el niño ya ha adquirido unos hábitos de comportamiento, relaciones afectivas estables y reconoce su entorno. Conviene prepararle para que se adapte mejor, explicarle qué es la escuela, contarle lo bueno y divertido que es el cole. Ir a ver su escuela. Jugar con él a “ir a ver la escuela”. Comprar con él lo relacionado con el colegio (ejemplo: el babi). Fomentar la autonomía personal al vestirse, o al comer para que se sienta más seguro de sí mismo. Iniciarle en el control de esfínteres y en la comida sin triturar.

De 7 a 12 años:

Durante el verano deben realizar actividades de repaso y unos días antes de empezar el curso instaurar el horario habitual. En estas edades la mejor manera de solucionar los conflictos escolares, y de todo tipo, es hablando. Nunca recurrir a castigos físicos o severas reprimendas, con ello se agravará el problema.

jueves, 16 de julio de 2009

Los deberes y el veraneo.

Los deberes y el veraneo.

Cuando termina el curso escolar padres e hijos sienten cierto alivio porque se acabaron los horarios y el hacer los deberes y estudiar. Pero la realidad es que si durante el verano no ayudamos a nuestros hijos a que no olviden todo lo aprendido durante el curso, la vuelta al colegio supondrá un retroceso importante, y los primeros días del curso empezarán las clases bastante despistados.

Diferentes estudios han demostrado que las vacaciones de verano tienen un impacto negativo en su aprendizaje, ya que en la infancia, hasta alrededor de los 12 años, aprenden mejor cuando la instrucción es continuada. También se ha analizado a qué materias afecta más este periodo, comprobándose que las áreas donde los niños muestran una mayor pérdida son el cálculo y la ortografía. Sin embargo, en verano sí que suelen experimentar casi todos un avance en la lectura comprensiva, y eso debe ser porque pese a que estamos en vacaciones, lo de leer lo fomentamos más. En cambio lo de ponerle a hacer ejercicios de cálculo parece que nos resulta demasiado “duro”.

Pero, aunque no nos guste, ni a ellos tampoco, es necesario dedicar cada día un rato a repasar para facilitarles la vuelta al cole en septiembre. Los profesores suelen recomendar algunas tareas de refuerzo para el verano. Si no es así, existen en el mercado libros de repaso para que puedan reforzar todo lo aprendido durante el curso. Ponerle como tarea diaria el hacer una o dos páginas de estos libros.

Os ofrecemos unas recomendaciones para organizarle adecuadamente los deberes del verano y que obtenga de ellos el mayor beneficio posible.

Fijar un calendario para planificarle la tarea. Aunque en verano hay cierta relajación de horarios, surgen imprevistos, viajes… conviene hacerle un calendario realista de los días y materias que deberá realizar diariamente. Lo mejor es escribirlo, para que ellos puedan consultarlo. Hay que intentar cumplir este calendario, pero tampoco ser demasiado estrictos, porque también son sus vacaciones.

Establecer un horario para hacer los deberes. Cuanto más mayores sean más libertad debemos dejarles para que sean ellos quienes elijan la hora, que siempre se puede cambiar, si no funciona, aunque los padres deben preocuparse de que se cumpla. Un buen momento es después de desayunar, que suele ser un tiempo muerto, además, les deja libres el resto del día, y sobre todo, están descansados, aprovecharán más el tiempo y rendirán más.

Deben tener un sitio adecuado para hacer los deberes. No han de tener distracciones (televisión, voces, gente alrededor…) y tener fácilmente accesible todo el material que puedan necesitar. Un lugar que ha de permanecer ordenado, responsabilidad que le corresponde a tu hijo.

Debes sentarte con ellos (si son más pequeños) y revisar los que hacen. Deben percibir que estás accesible para resolver sus dudas e interesado por sus tareas. Para los niños los deberes no deben ser un castigo que han de afrontar solos. No se trata de hacerles los deberes, sino de estar cerca para animarles y controlarles un poco.

Muchos padres tienen la sensación de que no pueden ayudar a sus hijos en las materias escolares, como en el inglés, matemáticas… pero no hay que olvidar que ayudarles con los deberes no significa hacérselos, sino ayudarles a resolver los problemas que se les planteen, enseñarles a encontrar ellos mismos las soluciones (buscar en un diccionario o internet, por ejemplo) y que se sientan apoyados y puedan sacar el máximo partido de su esfuerzo.

Leer con ellos. Ir juntos a la biblioteca o a una librería, y que elija un libro para leer contigo. Es importante recordar que la lectura ayuda a mejorar en todas las materias, más aún, es la clave del aprendizaje de toda la vida. Si no te pones a su lado a leer todo el tiempo, por lo menos hazle preguntas sobre lo que lee, que te lo resuma y explique, que al mismo tiempo, es una magnífica forma de reforzar la memoria y la capacidad de expresión.

C.V.G. - Psicólogo colegiado nº CV-02211-

lunes, 1 de junio de 2009

Ansiedad ante los exámenes

JUN/09



ANSIEDAD ANTE LOS EXÁMENES.



Si tu hijo manifiesta un nerviosismo excesivo ante los exámenes, no sólo el mismo día del examen, sino incluso durante el período de su preparación; y/o manifiesta haberse “quedado en blanco” durante uno o más exámenes, o situaciones similares de falta de rendimiento durante el examen… Puedes sugerirle que lea las recomendaciones que exponemos. Si esto no es suficiente, debe consultar al psicólogo de su centro escolar.



¿Qué es la ansiedad ante los exámenes?



La ansiedad ante los exámenes consiste en el malestar y reacciones emocionales negativas que algunos alumnos sienten ante los exámenes.



El miedo a los exámenes es, en cierta medida, una reacción racional, pero cuando se da a niveles muy elevados, es cuando puede interferir seriamente en la vida de la persona, hasta el punto de determinar gran parte del futuro académico de la persona.



La ansiedad ante los exámenes puede ser “anticipatoria”, si el sentimiento de malestar se produce a la hora de estudiar o al pensar en qué pasará durante el examen, o “situacional” si ésta acontece durante el propio examen.



¿Por qué se produce la ansiedad ante los exámenes?



En la mayoría de las ocasiones existe un suceso real que activa la ansiedad, como una experiencia anterior de bloqueo en un examen, o de haber sido incapaz de recordar respuestas sabidas.



Si la preparación para el examen ha sido la correcta, la ansiedad puede estar debida a pensamientos negativos o preocupaciones. Puede que estés pensando en exámenes anteriores, en cómo otros compañeros están haciendo el examen o en las consecuencias negativas que prevés de hacer un mal examen. También es posible que sea debido a una falta de preparación para el examen, ¡lo cual no deja de ser una buena razón para estar preocupado! En estos casos, errores en la distribución del tiempo, malos hábitos de estudio o un “atracón” de estudio la noche anterior, pueden incrementar considerablemente la ansiedad.



¿Cómo afecta la ansiedad ante los exámenes?



Los efectos de la ansiedad se dan a nivel fisiológico, psicológico y emocional. Las reacciones a nivel fisiológico pueden incluir taquicardia, tensión muscular, náuseas, sequedad de la boca o sudoración.



A nivel psicológico se puede experimentar una imposibilidad de actuar, tomar decisiones, expresarse uno mismo o manejar situaciones cotidianas. Como consecuencia, se puede tener dificultad a la hora de leer y entender preguntas, organizar pensamientos o recordar palabras o conceptos. También es posible experimentar un bloqueo mental (o “quedarse en blanco”), lo que se manifiesta en la imposibilidad de recordar las respuestas pese a que éstas se conozcan.



Por último, las reacciones emocionales pueden llevar a sentirse aprehensivo, inquieto, enfadado o desvalido.



¿Qué puedes hacer para reducir la ansiedad?



Las siguientes estrategias te pueden servir de orientación para afrontar la ansiedad ante los exámenes. Su utilidad se puede incrementar dependiendo del compromiso de cambio que adoptes.



Puntos esenciales para manejar la ansiedad:



- Procura exponerte ante las situaciones que te produzcan ansiedad. Este paso es necesario para abordar la ansiedad en general, y con ello ir acrecentando día a día tus habilidades para manejarla. No evites asistir a un examen por el miedo a quedarte en blanco, el desarrollo de habilidades para afrontar la ansiedad es un proceso gradual, que irás afianzando en los sucesivos exámenes.



- Intenta reconocer las emociones que acompañan la respuesta de ansiedad en las situaciones críticas. El objetivo es el de detectar con la mayor premura posible la aparición de la ansiedad, y poner así en marcha estrategias para impedir que ésta aflore, como la respiración abdominal. Esta consiste en respirar fuerte y pausadamente llenando totalmente los pulmones desde el abdomen, algo que no solemos hacer en la respiración normal.



Mientras estudias:



- Asigna el tiempo necesario de estudio para hacer todas las cosas que necesites antes del examen (revisar material de estudio, hacer esquemas, repasar los temas...).



- Aumenta la confianza en ti mismo revisando frecuentemente el material.



- Establece metas de estudio y afróntalas de una en una para no saturarte.



- Para profundizar más en estas estrategias te puede interesar consultar materiales sobre Técnicas de estudio y Organización del tiempo.



- Si te sientes nervioso, trata de relajarte con alguna de las siguientes técnicas:



1- Respiración abdominal como se indicó anteriormente en las pautas esenciales.

2- Tensa y relaja diferentes grupos musculares. Por ejemplo, tensa los hombros durante pocos segundos y a continuación déjalos caer. Siente la sensación de relax que esto produce y aprende a identificar estados de tensión de los músculos para relajarlos inmediatamente.

3- Piensa positivamente sobre ti. Tómate ratos para pensar en: respuestas racionales a pensamientos negativos (p.e. en vez de decir “Voy a suspender” di “Tengo la habilidad para aprobar, sólo necesito trabajar más”), pensamientos que te ayudan a manejar el estrés (p.e. “Un poco de activación me puede ayudar. Así lo haré lo mejor que pueda”) y pensamientos que te ayuden a mantenerte concentrado (p.e. “Puedo responder a la pregunta si elaboro la respuesta en pequeños subapartados”).



Antes del examen:



- Llega suficientemente pronto como para sentarte en un sitio en el que te encuentres a gusto.



- Evita encontrarte con gente que pienses que pueda hacerte dudar sobre tu preparación.



- Cuando recibas el examen, lee las instrucciones un par de veces y organiza tu tiempo de forma eficiente.



- No te apresures si ves que tus compañeros acaban antes, trabaja tranquilamente a tu ritmo.



Durante el examen:



- Algunas de las técnicas de relajación que puedes usar durante la fase de estudio también te pueden servir durante el examen, como la respiración profunda o la tensión-distensión de los músculos. Tómate un par de minutos de descanso si crees necesario practicarlas.



- Empieza con las preguntas más sencillas, lo que te reforzará y hará que afrontes con mayor seguridad las preguntas más difíciles.



- Pregunta al profesor aquellas dudas que te surjan durante el examen.



- Piensa en cosas positivas que te ayuden a mantener la concentración durante el examen, como “Esto es sólo un examen”, “Estoy familiarizado con el material”...



- Piensa en que tras el examen te podrás dar algún capricho.



C.V.G. - Psicólogo colegiado nº VC-02211-





viernes, 1 de mayo de 2009

Mi hijo tiene malas notas


MAYO/09


MI HIJO TIENE MALAS NOTAS.
Generalmente, los padres suelen ir al colegio a fin de año, o al cerrar un trimestre, cuando aparecen las malas notas, que son los síntomas. No hay que esperar hasta fin de año para prevenir el mal rendimiento de los niños y adolescentes en el colegio. El mejor modo de evitarlo es ayudar a que los chicos asuman sus responsabilidades desde el principio del curso, la mejor prevención es promover buenas conductas de estudio desde el inicio y hacer un seguimiento. No existen recetas mágicas, hay medidas preventivas que se pueden aplicar a lo largo del año.
Entre los consejos más apropiados que se pueden sugerir a los padres de chicos adolescentes, los especialistas recomiendan:
- Conversar con ellos sobre los problemas en la escuela, evitar culparlo de entrada si comienza la sucesión de malas notas, pero sí responsabilizarlo por no haber cumplido con sus obligaciones.
- Establecer un buen diálogo, y periódico, con el colegio.
- No desautorizar al profesor en el hogar, saber poner límites a tiempo, desarrollar el sentido de la responsabilidad.
- Asegurarles, en lo posible, un espacio y un tiempo para su estudio, sin olvidar su tiempo de descanso y evasión.
Colaboración padres/ escuela.
Hay que averiguar por qué les va mal en el colegio. Algunos padres culpabilizan muy rápidamente a los chicos y los castigan porque no estudiaron lo suficiente. Las medidas en cada caso son diferentes. Incluso cuando hay un tema de rebeldía, propio de la adolescencia, tampoco es bueno pegar el grito antes de ver cuál es el problema, porque no permite comprender qué pasa y trabajar en una solución. Hay alumnos que tal vez no comprenden lo que ven en clase y por eso les va mal.
En una próxima edición de entrenanos analizaremos cuáles pueden ser estas causas de su mal rendimiento.
Para poder hacer este diagnóstico hay que empezar por establecer un buen diálogo con la escuela y evitar descalificar al docente frente a los chicos. Los padres deben acudir al colegio y hablar con el profesor de las materias en que presentan dificultades para entender cómo ven ellos el tema y qué consejos les dan para resolverlo.
Los padres no deben actuar solos. Conviene que las medidas sean consensuadas con los chicos y con los docentes. Y luego, los padres tienen que estar pendientes de cómo va la situación, hacer un seguimiento. Deben apoyar al chico, ayudarlo a organizarse y aconsejarlo para que tome las decisiones correctas.
Muchas veces al chico le falta un adulto que le diga que no. Para que pueda crecer y desarrollarse necesita de una autoridad atenta al diálogo, pero también firme. Los padres deben asumir el rol de padres y saber poner límites a tiempo. Si uno ve que su hijo está dos semanas tirado en un sillón o viendo televisión, es una señal clara de la necesidad de poner límites.
Para entender bien qué pasa es fundamental entablar un diálogo en serio con los hijos. Hablar con el chico, de forma frontal y sin medias tintas. Preguntarle qué le pasa y plantearle la importancia que tiene lo que puede recibir del colegio. No se trata sólo de obtener un certificado, sino que sienta las bases de su futuro.
Darles mensajes claros a los chicos y evitar los dobles discursos es también central. Los padres formalmente siempre van a decir a su hijo que lo más importante es que estudie, pero si después el chico los escucha decir cosas como “al fin y al cabo tanto que estudié y ahora no tengo trabajo, para qué me sirvió”, se le está desmotivando para que estudie.
Otra estrategia muy común, y que es perjudicial, es ponerle una “colección” de profesores particulares. Si bien es válido para una materia puntual, en tiempos de exámenes, y algunos jóvenes pueden necesitar este apoyo, hay alumnos capaces que tienen profesores particulares desde el primer día de clases y, de esta forma, la tarea del chico en el aula (escuchar, atender y, si no entienden, preguntar a su profesor) la postergan para cuando el profesor particular va a sus casas. También los padres deben evitar asumir el rol de maestro. El padre puede colaborar con su hijo, pero sentarse frente a él en actitud de profesor lo único que hace es deteriorar la relación de padre-hijo. Una buena idea es que lo ayude, por ejemplo, un compañero al que le esté yendo bien en esa materia.


C.V.G. (Psicólogo colegiado nº CV-0221)