miércoles, 19 de agosto de 2009

Diversión en el agua.

Diversión en el agua.

Entre las diversiones favoritas de los peques cuando llegan las vacaciones estivales se encuentran los parques acuáticos. Un parque acuático seguro debe cumplir una serie de condiciones.

EN EL RECINTO…

- A la entrada un plano detallado y una lista de las normas de funcionamiento, prohibiciones y limitaciones -que se deben leer atentamente-, con carteles que expresen claramente y de forma gráfica las precauciones, prohibiciones y limitaciones.
- Suficientes zonas de sombra.
- Suficientes puntos de agua potable, accesibles y bien señalizados.
- Asistencia sanitaria en el propio parque.
- Salidas de seguridad y accesos de emergencia.
- Instalaciones eléctricas cerradas y aisladas.
- Vestuarios cómodos y limpios.
- Suficientes duchas, antes del acceso a las atracciones.
- Pavimentos antideslizantes.
- El equipo de socorristas suficiente. Al inicio y al final de las atracciones, y en puntos intermedios si son muy largas.
- Piscina infantil independiente (profundidad máx. 0,6 m.)

EN LAS ATRACCIONES…

- Las juntas y superficies de las atracciones lisas, que no arañen ni raspen.
- Barandillas en las zonas donde hay riesgo de caídas.
- Travesaños de inicio o asideros en las atracciones.
- Diseños seguros: poca pendiente en tramos finales de los toboganes; peralte en las curvas; pistas con ondulaciones para regular la velocidad…

PARA MAYOR SEGURIDAD…

- No pierda de vista a los más pequeños. No se confíe, aunque lleven flotador.
- Si se produce un accidente, avise a los socorristas. Asegúrese de que el accidente queda reflejado en el parte de incidencias del día para que se sepa en las inspecciones y se tomen medidas.
- Para reclamar diríjase a los Servicios de Sanidad y Consumo de la Comunidad Autónoma. Guarde la entrada al parque: es su documento de prueba.

sábado, 1 de agosto de 2009

Niños al sol… ¡cuidado!

Niños al sol… ¡cuidado!

Siguiendo una serie de recomendaciones es posible que los niños tomen el sol sin riegos para su piel. Parece demostrado que una fotoprotección continuada hasta los 18 años de edad reduce significativamente el riesgo de cáncer de piel en el adulto.

- Jamás pongas a un niño menor de seis meses en contacto directo con la luz del sol. Nunca deben ser expuestos directamente al sol cuando el índice ultravioleta es superior a 5.

- Aumenta la exposición al sol de forma paulatina. Empezar con diez minutos e ir incrementando hasta un máximo de media hora al día. Nunca deben permanecer inmóviles al sol durante más de un cuarto de hora seguido. Bajo ningún concepto dejes que tu hijo se duerma al sol. Conviene estar en movimiento realizando otras actividades, beber pequeñas cantidades de agua, así como aplicarse agua sobre el cuerpo o bañarse para refrescar la piel.

- Utiliza una crema de protección solar a partir del índice 30. Debes aplicarla media hora antes de tomar contacto con el sol, en cantidad muy abundante y con la piel limpia. Esmérate en que también se cubran partes del cuerpo “olvidadas”: orejas, nucas, empeines, etc. Por las noches es conveniente retirarlo y aplicar crema o aceite hidratante para que la piel pueda respirar.

- Renueva la aplicación constantemente, sobre todo si está mucho tiempo en el agua, se seca con las toallas, o se llena de arena.

- Evita las horas de máxima intensidad solar, de 12 a 16 horas. Independientemente de si nos encontramos en la playa, ciudad o montaña. Es conveniente mantenerlos protegidos del sol, en espacios interiores o a la sombra. No sirve sentarlos bajo una sombrilla, ya que la arena refleja de forma abundante los rayos solares. Tampoco les protege estar dentro del agua.

- Evita los productos que contengan alcohol (perfumes, colonias…) antes de la exposición solar, ya que pueden causar manchas oscuras en la piel.

- Aunque todos los niños deberían llevarlos, sobre todo a los más pequeños, ponles sombrero, camiseta y gafas de sol. Las prendas más adecuadas son las de algodón, oscuras, poco porosas y secas. Es un error muy habitual tapar en exceso al bebé, en verano debe estar fresquito y evitar en lo posible que sude.

- Llévate una sombrilla y haz que se pongan debajo de vez en cuando.

- Oblígales a tomar mucha agua. Para compensar la pérdida de agua por el sudor, por la exposición solar, es conveniente beber abundante cantidad de líquido.

- Intenta que no jueguen mucho rato cerca de las olas, el reflejo del agua aumenta el efecto nocivo.

- No dejes de ponerles crema protectora por muy morenos que estén.

- Controla que no se estén recalentado, que se bañen y se mojen la cabeza cada poco tiempo.

- No te fíes de los días nublados, ya que los rayos ultravioletas, penetran las nubes, y pueden provocar igualmente serias quemaduras de piel.

- Para prevenir el envejecimiento cutáneo es recomendable consumir fruta fresca, verdura y cereales con un alto nivel de fibra y antioxidantes, como el betacaroteno (abundante en la zanahoria). Después de tomar el sol, la piel está deteriorada por el aire, la sequedad, el cloro o la sal, por lo que conviene tomar una ducha con agua sin usar jabones con demasiados perfumes, geles o esponjas. A continuación, aplicar una crema hidratante que nutra, refresque e hidrate la piel.

- Para evitar los golpes de calor en los bebes: Es fundamental que el bebe esté perfectamente hidratado. Si está siendo alimentado mediante lactancia materna (pecho) no es necesario darle ningún otro líquido, lo que sí será muy importante es que la mamá tome frutas, verduras y carnes, y beba al menos dos litros diarios de líquidos. Si el bebé se alimenta con otras leches maternizadas, será conveniente incorporar algún que otro líquido a su dieta.

jueves, 16 de julio de 2009

Los deberes y el veraneo.

Los deberes y el veraneo.

Cuando termina el curso escolar padres e hijos sienten cierto alivio porque se acabaron los horarios y el hacer los deberes y estudiar. Pero la realidad es que si durante el verano no ayudamos a nuestros hijos a que no olviden todo lo aprendido durante el curso, la vuelta al colegio supondrá un retroceso importante, y los primeros días del curso empezarán las clases bastante despistados.

Diferentes estudios han demostrado que las vacaciones de verano tienen un impacto negativo en su aprendizaje, ya que en la infancia, hasta alrededor de los 12 años, aprenden mejor cuando la instrucción es continuada. También se ha analizado a qué materias afecta más este periodo, comprobándose que las áreas donde los niños muestran una mayor pérdida son el cálculo y la ortografía. Sin embargo, en verano sí que suelen experimentar casi todos un avance en la lectura comprensiva, y eso debe ser porque pese a que estamos en vacaciones, lo de leer lo fomentamos más. En cambio lo de ponerle a hacer ejercicios de cálculo parece que nos resulta demasiado “duro”.

Pero, aunque no nos guste, ni a ellos tampoco, es necesario dedicar cada día un rato a repasar para facilitarles la vuelta al cole en septiembre. Los profesores suelen recomendar algunas tareas de refuerzo para el verano. Si no es así, existen en el mercado libros de repaso para que puedan reforzar todo lo aprendido durante el curso. Ponerle como tarea diaria el hacer una o dos páginas de estos libros.

Os ofrecemos unas recomendaciones para organizarle adecuadamente los deberes del verano y que obtenga de ellos el mayor beneficio posible.

Fijar un calendario para planificarle la tarea. Aunque en verano hay cierta relajación de horarios, surgen imprevistos, viajes… conviene hacerle un calendario realista de los días y materias que deberá realizar diariamente. Lo mejor es escribirlo, para que ellos puedan consultarlo. Hay que intentar cumplir este calendario, pero tampoco ser demasiado estrictos, porque también son sus vacaciones.

Establecer un horario para hacer los deberes. Cuanto más mayores sean más libertad debemos dejarles para que sean ellos quienes elijan la hora, que siempre se puede cambiar, si no funciona, aunque los padres deben preocuparse de que se cumpla. Un buen momento es después de desayunar, que suele ser un tiempo muerto, además, les deja libres el resto del día, y sobre todo, están descansados, aprovecharán más el tiempo y rendirán más.

Deben tener un sitio adecuado para hacer los deberes. No han de tener distracciones (televisión, voces, gente alrededor…) y tener fácilmente accesible todo el material que puedan necesitar. Un lugar que ha de permanecer ordenado, responsabilidad que le corresponde a tu hijo.

Debes sentarte con ellos (si son más pequeños) y revisar los que hacen. Deben percibir que estás accesible para resolver sus dudas e interesado por sus tareas. Para los niños los deberes no deben ser un castigo que han de afrontar solos. No se trata de hacerles los deberes, sino de estar cerca para animarles y controlarles un poco.

Muchos padres tienen la sensación de que no pueden ayudar a sus hijos en las materias escolares, como en el inglés, matemáticas… pero no hay que olvidar que ayudarles con los deberes no significa hacérselos, sino ayudarles a resolver los problemas que se les planteen, enseñarles a encontrar ellos mismos las soluciones (buscar en un diccionario o internet, por ejemplo) y que se sientan apoyados y puedan sacar el máximo partido de su esfuerzo.

Leer con ellos. Ir juntos a la biblioteca o a una librería, y que elija un libro para leer contigo. Es importante recordar que la lectura ayuda a mejorar en todas las materias, más aún, es la clave del aprendizaje de toda la vida. Si no te pones a su lado a leer todo el tiempo, por lo menos hazle preguntas sobre lo que lee, que te lo resuma y explique, que al mismo tiempo, es una magnífica forma de reforzar la memoria y la capacidad de expresión.

C.V.G. - Psicólogo colegiado nº CV-02211-

miércoles, 1 de julio de 2009

Bebés al agua.


JUL/09



Bebés al agua.


<!--[if !vml]--><!--[endif]-->El ejercicio acuático es una buena manera de mantenerse en forma, relajarse y aumentar la capacidad de resistencia. Y no es un ejercicio exclusivo para mayores. Cada vez más niños, y desde edades más precoces, se benefician de esta actividad y toman un primer contacto con lo que puede convertirse en una recomendable afición.
Los niños se acostumbran al agua y a unas normas claras acerca de los baños, por lo que sus actos son menos imprevisibles que los de los más mayores. Sin embargo, la actitud que adoptan los padres y el conocimiento acerca de cómo hay que introducir a los más pequeños en el agua es fundamental para evitar errores y para que no se produzcan accidentes.


Hasta los bebés pueden beneficiarse de este medio. Se puede utilizar la actividad acuática para multiplicar las habilidades motrices del niño. Sin embargo, hay que tener presentes algunos aspectos, como saber cómo familiarizar al bebé con el entorno, cómo ayudarle a entrar en el agua y cómo ayudarle a realizar los movimientos.


Por ejemplo, nunca hay que entrar con el bebé en la piscina ni saltar al agua, puesto que podría asustarle.
Por el contrario, el método más eficaz es sentarlo en el bordillo mientras otra persona lo sujeta por detrás. Si no hay nadie que pueda ayudarte, puedes dejarlo tumbado y después introducirlo lentamente.


Cuando ya estéis en el agua hay que adaptarlo a la temperatura y moverte haciendo pie y muy suavemente. No hay que olvidar que el bebé puede estar asustado, por ello tienes que hablarle, explicarle que se trata de una bañera muy grande e, incluso, cantarle.


Para ayudarle a moverse en el agua, apóyalo sobre tu pecho y colócalo boca arriba sujetándolo con las manos planas por la cintura. Inicia un movimiento hacia atrás, suave y serpentean
te.


Si ves que tu bebé está disfrutando, puedes continuar con otros movimientos como realizar el mismo movimiento boca abajo y sujetándolo de manera que el pequeño no introduzca la cabeza dentro del agua.


Recuerda que el ejercicio en el agua...
- Aumenta la habilidad corporal del bebé.
- Estimula el tacto.
- Despierta los reflejos y la capacidad de supervivencia.
- Enriquece las experiencias motrices del niño.
- Les ayuda a mantenerse en forma y mejorar su tonicidad.
- Fortalece la capacidad respiratoria.
- Aumenta su resistencia.
- Les ayuda a relajarse.

lunes, 1 de junio de 2009

Ansiedad ante los exámenes

JUN/09



ANSIEDAD ANTE LOS EXÁMENES.



Si tu hijo manifiesta un nerviosismo excesivo ante los exámenes, no sólo el mismo día del examen, sino incluso durante el período de su preparación; y/o manifiesta haberse “quedado en blanco” durante uno o más exámenes, o situaciones similares de falta de rendimiento durante el examen… Puedes sugerirle que lea las recomendaciones que exponemos. Si esto no es suficiente, debe consultar al psicólogo de su centro escolar.



¿Qué es la ansiedad ante los exámenes?



La ansiedad ante los exámenes consiste en el malestar y reacciones emocionales negativas que algunos alumnos sienten ante los exámenes.



El miedo a los exámenes es, en cierta medida, una reacción racional, pero cuando se da a niveles muy elevados, es cuando puede interferir seriamente en la vida de la persona, hasta el punto de determinar gran parte del futuro académico de la persona.



La ansiedad ante los exámenes puede ser “anticipatoria”, si el sentimiento de malestar se produce a la hora de estudiar o al pensar en qué pasará durante el examen, o “situacional” si ésta acontece durante el propio examen.



¿Por qué se produce la ansiedad ante los exámenes?



En la mayoría de las ocasiones existe un suceso real que activa la ansiedad, como una experiencia anterior de bloqueo en un examen, o de haber sido incapaz de recordar respuestas sabidas.



Si la preparación para el examen ha sido la correcta, la ansiedad puede estar debida a pensamientos negativos o preocupaciones. Puede que estés pensando en exámenes anteriores, en cómo otros compañeros están haciendo el examen o en las consecuencias negativas que prevés de hacer un mal examen. También es posible que sea debido a una falta de preparación para el examen, ¡lo cual no deja de ser una buena razón para estar preocupado! En estos casos, errores en la distribución del tiempo, malos hábitos de estudio o un “atracón” de estudio la noche anterior, pueden incrementar considerablemente la ansiedad.



¿Cómo afecta la ansiedad ante los exámenes?



Los efectos de la ansiedad se dan a nivel fisiológico, psicológico y emocional. Las reacciones a nivel fisiológico pueden incluir taquicardia, tensión muscular, náuseas, sequedad de la boca o sudoración.



A nivel psicológico se puede experimentar una imposibilidad de actuar, tomar decisiones, expresarse uno mismo o manejar situaciones cotidianas. Como consecuencia, se puede tener dificultad a la hora de leer y entender preguntas, organizar pensamientos o recordar palabras o conceptos. También es posible experimentar un bloqueo mental (o “quedarse en blanco”), lo que se manifiesta en la imposibilidad de recordar las respuestas pese a que éstas se conozcan.



Por último, las reacciones emocionales pueden llevar a sentirse aprehensivo, inquieto, enfadado o desvalido.



¿Qué puedes hacer para reducir la ansiedad?



Las siguientes estrategias te pueden servir de orientación para afrontar la ansiedad ante los exámenes. Su utilidad se puede incrementar dependiendo del compromiso de cambio que adoptes.



Puntos esenciales para manejar la ansiedad:



- Procura exponerte ante las situaciones que te produzcan ansiedad. Este paso es necesario para abordar la ansiedad en general, y con ello ir acrecentando día a día tus habilidades para manejarla. No evites asistir a un examen por el miedo a quedarte en blanco, el desarrollo de habilidades para afrontar la ansiedad es un proceso gradual, que irás afianzando en los sucesivos exámenes.



- Intenta reconocer las emociones que acompañan la respuesta de ansiedad en las situaciones críticas. El objetivo es el de detectar con la mayor premura posible la aparición de la ansiedad, y poner así en marcha estrategias para impedir que ésta aflore, como la respiración abdominal. Esta consiste en respirar fuerte y pausadamente llenando totalmente los pulmones desde el abdomen, algo que no solemos hacer en la respiración normal.



Mientras estudias:



- Asigna el tiempo necesario de estudio para hacer todas las cosas que necesites antes del examen (revisar material de estudio, hacer esquemas, repasar los temas...).



- Aumenta la confianza en ti mismo revisando frecuentemente el material.



- Establece metas de estudio y afróntalas de una en una para no saturarte.



- Para profundizar más en estas estrategias te puede interesar consultar materiales sobre Técnicas de estudio y Organización del tiempo.



- Si te sientes nervioso, trata de relajarte con alguna de las siguientes técnicas:



1- Respiración abdominal como se indicó anteriormente en las pautas esenciales.

2- Tensa y relaja diferentes grupos musculares. Por ejemplo, tensa los hombros durante pocos segundos y a continuación déjalos caer. Siente la sensación de relax que esto produce y aprende a identificar estados de tensión de los músculos para relajarlos inmediatamente.

3- Piensa positivamente sobre ti. Tómate ratos para pensar en: respuestas racionales a pensamientos negativos (p.e. en vez de decir “Voy a suspender” di “Tengo la habilidad para aprobar, sólo necesito trabajar más”), pensamientos que te ayudan a manejar el estrés (p.e. “Un poco de activación me puede ayudar. Así lo haré lo mejor que pueda”) y pensamientos que te ayuden a mantenerte concentrado (p.e. “Puedo responder a la pregunta si elaboro la respuesta en pequeños subapartados”).



Antes del examen:



- Llega suficientemente pronto como para sentarte en un sitio en el que te encuentres a gusto.



- Evita encontrarte con gente que pienses que pueda hacerte dudar sobre tu preparación.



- Cuando recibas el examen, lee las instrucciones un par de veces y organiza tu tiempo de forma eficiente.



- No te apresures si ves que tus compañeros acaban antes, trabaja tranquilamente a tu ritmo.



Durante el examen:



- Algunas de las técnicas de relajación que puedes usar durante la fase de estudio también te pueden servir durante el examen, como la respiración profunda o la tensión-distensión de los músculos. Tómate un par de minutos de descanso si crees necesario practicarlas.



- Empieza con las preguntas más sencillas, lo que te reforzará y hará que afrontes con mayor seguridad las preguntas más difíciles.



- Pregunta al profesor aquellas dudas que te surjan durante el examen.



- Piensa en cosas positivas que te ayuden a mantener la concentración durante el examen, como “Esto es sólo un examen”, “Estoy familiarizado con el material”...



- Piensa en que tras el examen te podrás dar algún capricho.



C.V.G. - Psicólogo colegiado nº VC-02211-





viernes, 1 de mayo de 2009

Mi hijo tiene malas notas


MAYO/09


MI HIJO TIENE MALAS NOTAS.
Generalmente, los padres suelen ir al colegio a fin de año, o al cerrar un trimestre, cuando aparecen las malas notas, que son los síntomas. No hay que esperar hasta fin de año para prevenir el mal rendimiento de los niños y adolescentes en el colegio. El mejor modo de evitarlo es ayudar a que los chicos asuman sus responsabilidades desde el principio del curso, la mejor prevención es promover buenas conductas de estudio desde el inicio y hacer un seguimiento. No existen recetas mágicas, hay medidas preventivas que se pueden aplicar a lo largo del año.
Entre los consejos más apropiados que se pueden sugerir a los padres de chicos adolescentes, los especialistas recomiendan:
- Conversar con ellos sobre los problemas en la escuela, evitar culparlo de entrada si comienza la sucesión de malas notas, pero sí responsabilizarlo por no haber cumplido con sus obligaciones.
- Establecer un buen diálogo, y periódico, con el colegio.
- No desautorizar al profesor en el hogar, saber poner límites a tiempo, desarrollar el sentido de la responsabilidad.
- Asegurarles, en lo posible, un espacio y un tiempo para su estudio, sin olvidar su tiempo de descanso y evasión.
Colaboración padres/ escuela.
Hay que averiguar por qué les va mal en el colegio. Algunos padres culpabilizan muy rápidamente a los chicos y los castigan porque no estudiaron lo suficiente. Las medidas en cada caso son diferentes. Incluso cuando hay un tema de rebeldía, propio de la adolescencia, tampoco es bueno pegar el grito antes de ver cuál es el problema, porque no permite comprender qué pasa y trabajar en una solución. Hay alumnos que tal vez no comprenden lo que ven en clase y por eso les va mal.
En una próxima edición de entrenanos analizaremos cuáles pueden ser estas causas de su mal rendimiento.
Para poder hacer este diagnóstico hay que empezar por establecer un buen diálogo con la escuela y evitar descalificar al docente frente a los chicos. Los padres deben acudir al colegio y hablar con el profesor de las materias en que presentan dificultades para entender cómo ven ellos el tema y qué consejos les dan para resolverlo.
Los padres no deben actuar solos. Conviene que las medidas sean consensuadas con los chicos y con los docentes. Y luego, los padres tienen que estar pendientes de cómo va la situación, hacer un seguimiento. Deben apoyar al chico, ayudarlo a organizarse y aconsejarlo para que tome las decisiones correctas.
Muchas veces al chico le falta un adulto que le diga que no. Para que pueda crecer y desarrollarse necesita de una autoridad atenta al diálogo, pero también firme. Los padres deben asumir el rol de padres y saber poner límites a tiempo. Si uno ve que su hijo está dos semanas tirado en un sillón o viendo televisión, es una señal clara de la necesidad de poner límites.
Para entender bien qué pasa es fundamental entablar un diálogo en serio con los hijos. Hablar con el chico, de forma frontal y sin medias tintas. Preguntarle qué le pasa y plantearle la importancia que tiene lo que puede recibir del colegio. No se trata sólo de obtener un certificado, sino que sienta las bases de su futuro.
Darles mensajes claros a los chicos y evitar los dobles discursos es también central. Los padres formalmente siempre van a decir a su hijo que lo más importante es que estudie, pero si después el chico los escucha decir cosas como “al fin y al cabo tanto que estudié y ahora no tengo trabajo, para qué me sirvió”, se le está desmotivando para que estudie.
Otra estrategia muy común, y que es perjudicial, es ponerle una “colección” de profesores particulares. Si bien es válido para una materia puntual, en tiempos de exámenes, y algunos jóvenes pueden necesitar este apoyo, hay alumnos capaces que tienen profesores particulares desde el primer día de clases y, de esta forma, la tarea del chico en el aula (escuchar, atender y, si no entienden, preguntar a su profesor) la postergan para cuando el profesor particular va a sus casas. También los padres deben evitar asumir el rol de maestro. El padre puede colaborar con su hijo, pero sentarse frente a él en actitud de profesor lo único que hace es deteriorar la relación de padre-hijo. Una buena idea es que lo ayude, por ejemplo, un compañero al que le esté yendo bien en esa materia.


C.V.G. (Psicólogo colegiado nº CV-0221)

miércoles, 1 de abril de 2009

Fomentar la lectura en casa


ABR/09



2 de Abril .- Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil.



23 de Abril.- Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor.



FOMENTAR LA LECTURA EN CASA:



El método más sencillo para aficionarse a la lectura es leer. Los padres de familia pueden y deben inculcar en sus hijos este gusto, principalmente porque ello ayudará a que vean el estudio con placer y facilitará el aprendizaje: “Hay que aprender a leer, porque hay que leer para aprender”. Aquí tienen unos buenos consejos.



Forme una pequeña biblioteca en casa, aunque sea con libros de bajo costo... incluso con libros de segunda mano. Pero escoja libros que estén al alcance de sus hijos: literatura sencilla, poesía, divulgación científica, libros infantiles, diccionarios, enciclopedias, etc. También déjelos escoger sus libros cuando visiten las librerías.



Lea en la casa para dar ejemplo a sus hijos. Usted, padre o madre de familia.. . es un ejemplo que ellos seguirán.



Cada noche dediquen un tiempo de lectura familiar antes de dormir... unos 20 ó 30 minutos. Deje que sus hijos seleccionen los libros que serán leídos y deje que sean ellos quienes lean, o bien, por turnos: una noche lo hace uno de los hijos; la siguiente uno de los padres... y así sucesivamente. Pero hagan pausas para comentar el contenido de la lectura de una página o de un capítulo corto. Esto les enseñará a hacer lectura crítica. Si nota que un libro no les está gustando... déjelo de leer y empiecen otro.



Lea en voz alta a los niños que aún no saben leer... pero léales de una manera ade cuada... es decir, cambiando la voz en cada personaje y gesticulando de acuerdo con la trama del libro.



Después de leer un libro, realice con sus hijos alguna actividad relacionada con el tema. Por ejemplo, si leyeron un libro sobre los animales de una granja, hacer una visita a una granja real; o si han leído un libro sobre un pintor, ir a un museo a ver sus obras. Esta actividad no sólo reforzará lo aprendido, sino que también despertará en los niños el interés por la investigación; además, servirá para que los niños se den cuenta de que la lectura tiene aplicación práctica.



Al terminar la lectura del libro, dense un premio todos, como un paseo o una salida a comer fuera de casa, u otra actividad que todos disfruten.



Siempre que haya ocasión, regáleles libros... independientemente de que les regale otra cosa también. El día de su cumpleaños puede regalarles un juguete o una prenda de vestir... ¡y un libro! Así se darán cuenta del valor que usted le da a los libros. Con el tiempo, ellos llegarán a apreciarlos tanto como usted.



Varíe el tipo de libros que se leen en casa, a menos que sus hijos se muestren muy interesados en un solo tema. Si es así, aliéntelos comprándoles, poco a poco, más libros sobre ese tema.



No les prohíba ver televisión, pues si lo hace y ellos creen que es porque 'deben' leer, acabarán odiando los libros. Por el contrario, déjelos escoger uno o dos programas televisivos diarios. Es buena idea buscar libros que tengan alguna relación con los programas de televisión que sus hijos ven. De ninguna manera condicione el tiempo de TV a que hayan terminado una lectura. Además, hay canales televisivos con programas sobre el ecosistema, el mundo animal, el mundo marino, culturas antiguas, etc., que se pueden combinar incitando a sus hijos a la consulta en libros sobre dudas que surjan en lo que han visto.



Participen en juegos de mesa que se relacionen con la lectura. También hagan crucigramas en familia, con la ayuda de una enciclopedia o un diccionario enciclopédico.



Utilice también revistas como material de lectura... pero escójalas con mucho cuidado.



De vez en cuando visiten bibliotecas públicas y aprendan todos a buscar los libros por tema y por autor. Aprendan a preparar fichas bibliográficas en las que resuman el contenido de cada libro que lean. En los libros de investigación documental se explica el procedimiento. También el encargado de la biblioteca les puede enseñar a preparar estas fichas, lo que les será de inmensa utilidad en sus estudios.



Permita que sus hijos guarden donde ellos quieran los libros que les han prestado o les han regalado o que ellos mismos hayan comprado con su dinero. Así, lo verán como su tesoro. Pero, por otro lado, haga que los compartan con sus hermanos, con el compromiso de que éstos los cuidarán como si fueran propios.



Cuando exista una película basada en un libro (adecuada para los hijos), prométales llevarlos a verla o alquilarla en el vídeo-club, en cuanto terminen de leer el libro.