martes, 6 de octubre de 2009

Cómo prevenir el acoso escolar.

Cómo prevenir el acoso escolar.

Las burlas o las agresiones son frecuentes para los chicos que sufren el rechazo por ser estudiosos o por no destacar como líderes. Cuando nuestros niños son pequeños podemos poner en práctica una serie de estrategias para ayudarle a enfrentarse a este tipo de situación llegado el caso. Desde luego nadie nos asegura como reaccionará, pero si está más preparado para ello, más fácil será que lo cuente a alguien o que no tenga miedo.

- Lo primero que tendrás que fomentar es una buena comunicación padre hijo. Desde muy pequeño tendrás que aprender a escuchar sus problemas y a ayudarle a buscarles solución por sí mismo. Podréis proponer, juntos, muchas ideas posibles que solucionan el problema y más tarde elegir cual es la mejor solución y ponerla en práctica. De este modo enseñaras a tu hijo a no hundirse ante un problema y a salir airoso de él y también a pedir ayuda cuando no sepa qué hacer.

Siempre debes ayudarle y no criticarle cuando te plantee un problema, por tonto que sea; para él es algo muy importante y en su mente infantil necesita tener la solución necesaria para hacerle frente. Pero ayúdale para que él lo solucione, no seas tú quien ponga en práctica la solución, debe ser él.

Si tu respuesta es ayudarle a buscar la solución mejor, cuando sea mayor sabrá que puede contar contigo para lo que sea y no tendrá miedo de contarte sus cosas porque sabrá que vas a apoyarle. Si por el contrario, cuando el niño te plantea un dilema respondes con hosquedad, sin darle importancia, dejándolo para luego o regañando al chico, éste aprenderá que no puede contar contigo y además estará sin estrategias con las que luchar cuando le llegue el caso. Se transformará en un chico sin recursos y tal vez tímido y callado, con miedos.

Para conseguir una buena comunicación con tu hijo tendrás que empezar desde el principio, haciéndole caso cuando se cae, cuando discute con otro niño por un juguete, cuando está triste cuando le ha ocurrido algo, cuando se ha quedado el último en la carrera, etc. Ante todas estas frustraciones, los padres tendrán que enseñar a su hijo a superarlas y a afrontarlas con naturalidad, como algo normal que nos ocurre a todos y por lo que no se es ni mejor ni peor.

Con todas estas cosas conseguirás un nivel de confianza y de comunicación que será abono para un futuro, cuando sea adolescente y se vuelva más cerrado solucionará los problemas por su cuenta, como le has enseñado, y ante algo más fuerte, que no puede con ello, acudirá a ti.

- Es importante que tu hijo no tenga miedo a las figuras de autoridad. Es muy típico fomentar el miedo a los profesores, policías, guardias , etc como si fueran alguien malo.

Los padres tienen que servir de modelo para que el niño entienda que los policías están para ayudarnos, los profesores para enseñarnos, etc... Nuestro trato con ellos enseñará al niño a que no hay por qué tenerles miedo y será más fácil que comente sin darle importancia cualquier cosa extraña que haya ocurrido con el profesor.

- También es vital enseñar a tu hijo seguridad y autoestima, tendrás que ayudarle a enfrentarse a determinados retos para que entienda que puede conseguirlo.

Cuando inicie una actividad novedosa y transmita ansiedad, preocupación o miedo a no conseguirlo, tu función será animarle y convencerlo de que sí puede hacerlo, podrás ir dándoles las instrucciones paso a paso para que sepa cómo ir consiguiendo metas poco a poco y llegar a la meta final. Después tendrá que recibir un refuerzo (una alabanza o un premio) por haberlo conseguido. Si, por el contrario, le sale mal, podréis volver a intentarlo siguiendo pasos distintos y reforzando siempre su esfuerzo. Esto será la forma adecuada para que tu hijo gane en seguridad y confíe en sus posibilidades.

A la hora de enfrentarse a un posible agresor o acosador, estará convencido de que no se merece eso y lo contará a los mayores para que le ayuden, defenderá sus puntos de vista y sabrá dar respuestas adecuadas a su agresor sin amedrentarse.

- Aunque tu hijo aún sea pequeño, es importante que estés atento a cualquier cambio que se produzca en su comportamiento o estado de ánimo y acude inmediatamente al colegio a hablar con los tutores para ver si han detectado algo. Cuando un niño no quiere ir al colegio es por algo, tiene miedo de algo o no quiere enfrentarse. Puede que sea una tontería pero es mejor asegurarse y sobre todo interrogar al niño dulcemente para conseguir información.

Para saber más: http://www.acosoescolar.info/padres/index.htm

jueves, 24 de septiembre de 2009

Prevenir el fracaso escolar.

Prevenir el fracaso escolar.

La tasa de fracaso escolar en nuestro sistema educativo es de alrededor el 30%... una verdadera barbaridad. Reflexionemos sobre los factores que influyen para que los pequeños tengan problemas escolares y cómo podemos atajarlos desde los primeros años de colegio.

Ambiente familiar.

Los niños necesitan un ambiente familiar rico en estímulos, donde capten una verdadera implicación de la familia en su vida escolar. Hay que dedicar tiempos de atención «exclusiva» a los estudios en casa.

Autoestima.

Un niño con baja autoestima siente que no es capaz de alcanzar lo que se propone. Hay que darles una imagen positiva de quiénes son y de lo que hacen, no son torpes, necesitan esforzarse. Hay que enseñarles a aceptar los errores y las dificultades, y no venirse abajo, hay que alabarles por su esfuerzo y sus pequeños logros.

Atención.

Desde muy pequeños hay que habituarles a tareas que les ayuden a centrar su atención con juegos y tareas sencillas apropiadas a su edad. Para aprender es fundamental que sean capaces de concentrarse.

Lectoescritura.

La lectura y la escritura son imprescindibles para todas las asignaturas y si no las dominan, el edificio se tambalea desde sus cimientos. Hay que ofrecerles modelos adecuados desde pequeñitos y fomentar en ellos el amor por la lectura y la escritura. Si observamos dificultades en este campo, es preciso acudir a un especialista cuanto antes.

Motivación.

El desinterés y el rechazo por todo lo que huele a colegio conlleva falta de esfuerzo personal y abandono de sus tareas. Debemos fomentar en ellos el afán por hacer las cosas por sí mismos y la alegría por conseguir las metas que se marquen. Es preferible valorar más sus logros que reprochar los fracasos. Conviene darles una imagen positiva de lo académico: evitemos comentarios sobre lo «rollo» que es el cole o la rabia que da volver a clase el lunes.

Hábitos de estudio.

A estudiar también se aprende. De nada sirve que se pasen las horas muertas delante del libro. Desde muy pequeños desarrollemos el hábito de un tiempo diario para tareas escolares y, más adelante, proporcionarles unas técnicas de estudio que les permitan aprender de forma ágil y eficaz. Deben tener en casa con un rincón de estudio libre de distracciones.

Señales de alerta.

Ciertas circunstancias transitorias pueden convertirse en la base de un fracaso escolar si no se detectan a tiempo:

- Una pequeña anemia (detectable con un simple análisis de sangre) puede ser el origen de esa apatía que perjudica su rendimiento. Una pérdida auditiva o algún defecto en la visión, les pueden hacer ir cada vez más rezagados.

- La falta de estabilidad familiar les afecta muchísimo: una época en la que haya más problemas, discusiones o reproches en casa. Suelen aprovechar peor las clases, ya que tienen la cabeza en otro sitio. Si se pasa por un mal momento en casa, charlemos con ellos para darles seguridad.

- No sentirse aceptado por los compañeros o no tener amigos puede hacer que se retraigan académicamente. Por no hablar de los complejos: verse gordo, avergonzarse de llevar unas gafas o rechazar el aparato corrector de los dientes.

Medidas preventivas.

Hay que actuar ante la aparición de las primeras dificultades. No es bueno pasar por alto las malas notas una y otra vez sin poner medidas. Acordar con su profesor cómo ayudarle en casa.

Hay que concebir el curso como una carrera de fondo. De nada sirve el sprint final en los exámenes de junio si no se han conseguido buenas calificaciones desde el inicio de curso.

Evitar que se instalen en el papel de perdedores. Aunque las notas suelan ser malas, cuidemos su autoestima para que no sientan el fracaso como algo esperado y normal. Sobre todo alabar sus logros y su esfuerzo, y animarles a superarse.

martes, 1 de septiembre de 2009

Todos al cole.

Todos al cole.

La vuelta al cole no suele presentar mayor problema para los niños, pero en los más pequeños conviene tener en cuenta que es una situación nueva que puede provocar ansiedad, insomnio, pesadillas, cambios en el estado de ánimo…

Entre 0 y 3 años.

Hasta los 9 meses el bebé no ha desarrollado el suficiente apego con los padres. Ir a la guardería no es traumático porque su conocimiento del mundo es escaso. Entre 1 y 2 años han desarrollado el apego con sus padres, tienen recursos para llamar la atención y reclamar lo que quieren. Es posible que llore desconsoladamente al dejarle en el cole. Poco a poco irá aceptando su nuevo entorno. Unos días antes de ir al cole explicarle lo que va a ocurrir, hablarle positivamente de la escuela, enseñarle dónde está y cómo es. Durante los primeros días es mejor un horario progresivo (de menos a más horas), y deben ser los padres quienes le acompañen.

El primer día de guardería.

Antes de: Nuestro objetivo es que el niño vea con normalidad el ir a la guardería. Un buen truco, por ejemplo, sería decirle que si se porta bien le dejaremos ir a la guardería... pero para que esto funcione, tenemos que dar antes otros pasos.

Como ahora va a tener que levantarse en función del horario que tenga la guardería, ir adaptándole por lo menos desde la semana anterior. Tenemos que conseguir que duerma sus horas, para que no le cueste salir de la cama, desayunar tranquilamente, e ir a la guarde sin apuros.

Para irle preparando tampoco es mala idea que le hagamos un asiduo del parque, para que se acostumbre a pasar cada vez más rato sin preocuparse de otra cosa que no sea jugar. ¿Que se lo pasa bien en el parque? Pues aprovecha eso y dile que la guarde es como un parque pero mejor, porque hay más niños y más juguetes. Tenemos que ayudarle a que se forme una imagen positiva de la guarde, y para ello nada mejor que meter todo lo que le gusta en ese saco: ¿que al niño le gusta pintar? Pues hay que decirle que allí se pinta muchísimo. Que ya le gusta preguntarnos el por qué de esto y de aquello, pues le decimos que cosas como esas son las que enseñan allí. También puedes contarle cosas muy buenas que te hayan pasado allí a ti o a otro niño: “tu primo al principio tenía miedo pero al final ya no había quien le sacase de allí... ¿has visto sus amigos? Pues todos se conocen de la guarde...”

Despedida y reencuentro: Hay que llegar con naturalidad, hablando tranquilamente de lo mucho que va a jugar, explicando que nosotros volvemos en unas horas, que no va a pasar nada, que qué buen día hace hoy...

Entonces saludamos al cuidador, le damos dos besos al niño, y nos marchamos, lo mejor es no prolongar mucho la despedida. De repente él corre y viene a nosotros, dice que no nos separemos nunca y monta un numerito. Lo mejor es tranquilizarle, decirle que volverás, que va a ser un ratito nada más, nos acercamos con él a la cuidadora, y, ahora sí, nos volvemos a ir.

Y cuando vayas a recogerle… “¿Te lo pasaste bien en la guarde? ¡Oh, qué dibujo más bonito! Lo colgaremos de la nevera. ¿Y esa canción te la han enseñado allí? Pues tenemos que cantársela a la abuela, que ya verás como le gusta...”

Entre 3 y 6 años:

A los 3 años el niño ya ha adquirido unos hábitos de comportamiento, relaciones afectivas estables y reconoce su entorno. Conviene prepararle para que se adapte mejor, explicarle qué es la escuela, contarle lo bueno y divertido que es el cole. Ir a ver su escuela. Jugar con él a “ir a ver la escuela”. Comprar con él lo relacionado con el colegio (ejemplo: el babi). Fomentar la autonomía personal al vestirse, o al comer para que se sienta más seguro de sí mismo. Iniciarle en el control de esfínteres y en la comida sin triturar.

De 7 a 12 años:

Durante el verano deben realizar actividades de repaso y unos días antes de empezar el curso instaurar el horario habitual. En estas edades la mejor manera de solucionar los conflictos escolares, y de todo tipo, es hablando. Nunca recurrir a castigos físicos o severas reprimendas, con ello se agravará el problema.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Diversión en el agua.

Diversión en el agua.

Entre las diversiones favoritas de los peques cuando llegan las vacaciones estivales se encuentran los parques acuáticos. Un parque acuático seguro debe cumplir una serie de condiciones.

EN EL RECINTO…

- A la entrada un plano detallado y una lista de las normas de funcionamiento, prohibiciones y limitaciones -que se deben leer atentamente-, con carteles que expresen claramente y de forma gráfica las precauciones, prohibiciones y limitaciones.
- Suficientes zonas de sombra.
- Suficientes puntos de agua potable, accesibles y bien señalizados.
- Asistencia sanitaria en el propio parque.
- Salidas de seguridad y accesos de emergencia.
- Instalaciones eléctricas cerradas y aisladas.
- Vestuarios cómodos y limpios.
- Suficientes duchas, antes del acceso a las atracciones.
- Pavimentos antideslizantes.
- El equipo de socorristas suficiente. Al inicio y al final de las atracciones, y en puntos intermedios si son muy largas.
- Piscina infantil independiente (profundidad máx. 0,6 m.)

EN LAS ATRACCIONES…

- Las juntas y superficies de las atracciones lisas, que no arañen ni raspen.
- Barandillas en las zonas donde hay riesgo de caídas.
- Travesaños de inicio o asideros en las atracciones.
- Diseños seguros: poca pendiente en tramos finales de los toboganes; peralte en las curvas; pistas con ondulaciones para regular la velocidad…

PARA MAYOR SEGURIDAD…

- No pierda de vista a los más pequeños. No se confíe, aunque lleven flotador.
- Si se produce un accidente, avise a los socorristas. Asegúrese de que el accidente queda reflejado en el parte de incidencias del día para que se sepa en las inspecciones y se tomen medidas.
- Para reclamar diríjase a los Servicios de Sanidad y Consumo de la Comunidad Autónoma. Guarde la entrada al parque: es su documento de prueba.

sábado, 1 de agosto de 2009

Niños al sol… ¡cuidado!

Niños al sol… ¡cuidado!

Siguiendo una serie de recomendaciones es posible que los niños tomen el sol sin riegos para su piel. Parece demostrado que una fotoprotección continuada hasta los 18 años de edad reduce significativamente el riesgo de cáncer de piel en el adulto.

- Jamás pongas a un niño menor de seis meses en contacto directo con la luz del sol. Nunca deben ser expuestos directamente al sol cuando el índice ultravioleta es superior a 5.

- Aumenta la exposición al sol de forma paulatina. Empezar con diez minutos e ir incrementando hasta un máximo de media hora al día. Nunca deben permanecer inmóviles al sol durante más de un cuarto de hora seguido. Bajo ningún concepto dejes que tu hijo se duerma al sol. Conviene estar en movimiento realizando otras actividades, beber pequeñas cantidades de agua, así como aplicarse agua sobre el cuerpo o bañarse para refrescar la piel.

- Utiliza una crema de protección solar a partir del índice 30. Debes aplicarla media hora antes de tomar contacto con el sol, en cantidad muy abundante y con la piel limpia. Esmérate en que también se cubran partes del cuerpo “olvidadas”: orejas, nucas, empeines, etc. Por las noches es conveniente retirarlo y aplicar crema o aceite hidratante para que la piel pueda respirar.

- Renueva la aplicación constantemente, sobre todo si está mucho tiempo en el agua, se seca con las toallas, o se llena de arena.

- Evita las horas de máxima intensidad solar, de 12 a 16 horas. Independientemente de si nos encontramos en la playa, ciudad o montaña. Es conveniente mantenerlos protegidos del sol, en espacios interiores o a la sombra. No sirve sentarlos bajo una sombrilla, ya que la arena refleja de forma abundante los rayos solares. Tampoco les protege estar dentro del agua.

- Evita los productos que contengan alcohol (perfumes, colonias…) antes de la exposición solar, ya que pueden causar manchas oscuras en la piel.

- Aunque todos los niños deberían llevarlos, sobre todo a los más pequeños, ponles sombrero, camiseta y gafas de sol. Las prendas más adecuadas son las de algodón, oscuras, poco porosas y secas. Es un error muy habitual tapar en exceso al bebé, en verano debe estar fresquito y evitar en lo posible que sude.

- Llévate una sombrilla y haz que se pongan debajo de vez en cuando.

- Oblígales a tomar mucha agua. Para compensar la pérdida de agua por el sudor, por la exposición solar, es conveniente beber abundante cantidad de líquido.

- Intenta que no jueguen mucho rato cerca de las olas, el reflejo del agua aumenta el efecto nocivo.

- No dejes de ponerles crema protectora por muy morenos que estén.

- Controla que no se estén recalentado, que se bañen y se mojen la cabeza cada poco tiempo.

- No te fíes de los días nublados, ya que los rayos ultravioletas, penetran las nubes, y pueden provocar igualmente serias quemaduras de piel.

- Para prevenir el envejecimiento cutáneo es recomendable consumir fruta fresca, verdura y cereales con un alto nivel de fibra y antioxidantes, como el betacaroteno (abundante en la zanahoria). Después de tomar el sol, la piel está deteriorada por el aire, la sequedad, el cloro o la sal, por lo que conviene tomar una ducha con agua sin usar jabones con demasiados perfumes, geles o esponjas. A continuación, aplicar una crema hidratante que nutra, refresque e hidrate la piel.

- Para evitar los golpes de calor en los bebes: Es fundamental que el bebe esté perfectamente hidratado. Si está siendo alimentado mediante lactancia materna (pecho) no es necesario darle ningún otro líquido, lo que sí será muy importante es que la mamá tome frutas, verduras y carnes, y beba al menos dos litros diarios de líquidos. Si el bebé se alimenta con otras leches maternizadas, será conveniente incorporar algún que otro líquido a su dieta.

jueves, 16 de julio de 2009

Los deberes y el veraneo.

Los deberes y el veraneo.

Cuando termina el curso escolar padres e hijos sienten cierto alivio porque se acabaron los horarios y el hacer los deberes y estudiar. Pero la realidad es que si durante el verano no ayudamos a nuestros hijos a que no olviden todo lo aprendido durante el curso, la vuelta al colegio supondrá un retroceso importante, y los primeros días del curso empezarán las clases bastante despistados.

Diferentes estudios han demostrado que las vacaciones de verano tienen un impacto negativo en su aprendizaje, ya que en la infancia, hasta alrededor de los 12 años, aprenden mejor cuando la instrucción es continuada. También se ha analizado a qué materias afecta más este periodo, comprobándose que las áreas donde los niños muestran una mayor pérdida son el cálculo y la ortografía. Sin embargo, en verano sí que suelen experimentar casi todos un avance en la lectura comprensiva, y eso debe ser porque pese a que estamos en vacaciones, lo de leer lo fomentamos más. En cambio lo de ponerle a hacer ejercicios de cálculo parece que nos resulta demasiado “duro”.

Pero, aunque no nos guste, ni a ellos tampoco, es necesario dedicar cada día un rato a repasar para facilitarles la vuelta al cole en septiembre. Los profesores suelen recomendar algunas tareas de refuerzo para el verano. Si no es así, existen en el mercado libros de repaso para que puedan reforzar todo lo aprendido durante el curso. Ponerle como tarea diaria el hacer una o dos páginas de estos libros.

Os ofrecemos unas recomendaciones para organizarle adecuadamente los deberes del verano y que obtenga de ellos el mayor beneficio posible.

Fijar un calendario para planificarle la tarea. Aunque en verano hay cierta relajación de horarios, surgen imprevistos, viajes… conviene hacerle un calendario realista de los días y materias que deberá realizar diariamente. Lo mejor es escribirlo, para que ellos puedan consultarlo. Hay que intentar cumplir este calendario, pero tampoco ser demasiado estrictos, porque también son sus vacaciones.

Establecer un horario para hacer los deberes. Cuanto más mayores sean más libertad debemos dejarles para que sean ellos quienes elijan la hora, que siempre se puede cambiar, si no funciona, aunque los padres deben preocuparse de que se cumpla. Un buen momento es después de desayunar, que suele ser un tiempo muerto, además, les deja libres el resto del día, y sobre todo, están descansados, aprovecharán más el tiempo y rendirán más.

Deben tener un sitio adecuado para hacer los deberes. No han de tener distracciones (televisión, voces, gente alrededor…) y tener fácilmente accesible todo el material que puedan necesitar. Un lugar que ha de permanecer ordenado, responsabilidad que le corresponde a tu hijo.

Debes sentarte con ellos (si son más pequeños) y revisar los que hacen. Deben percibir que estás accesible para resolver sus dudas e interesado por sus tareas. Para los niños los deberes no deben ser un castigo que han de afrontar solos. No se trata de hacerles los deberes, sino de estar cerca para animarles y controlarles un poco.

Muchos padres tienen la sensación de que no pueden ayudar a sus hijos en las materias escolares, como en el inglés, matemáticas… pero no hay que olvidar que ayudarles con los deberes no significa hacérselos, sino ayudarles a resolver los problemas que se les planteen, enseñarles a encontrar ellos mismos las soluciones (buscar en un diccionario o internet, por ejemplo) y que se sientan apoyados y puedan sacar el máximo partido de su esfuerzo.

Leer con ellos. Ir juntos a la biblioteca o a una librería, y que elija un libro para leer contigo. Es importante recordar que la lectura ayuda a mejorar en todas las materias, más aún, es la clave del aprendizaje de toda la vida. Si no te pones a su lado a leer todo el tiempo, por lo menos hazle preguntas sobre lo que lee, que te lo resuma y explique, que al mismo tiempo, es una magnífica forma de reforzar la memoria y la capacidad de expresión.

C.V.G. - Psicólogo colegiado nº CV-02211-

miércoles, 1 de julio de 2009

Bebés al agua.


JUL/09



Bebés al agua.


<!--[if !vml]--><!--[endif]-->El ejercicio acuático es una buena manera de mantenerse en forma, relajarse y aumentar la capacidad de resistencia. Y no es un ejercicio exclusivo para mayores. Cada vez más niños, y desde edades más precoces, se benefician de esta actividad y toman un primer contacto con lo que puede convertirse en una recomendable afición.
Los niños se acostumbran al agua y a unas normas claras acerca de los baños, por lo que sus actos son menos imprevisibles que los de los más mayores. Sin embargo, la actitud que adoptan los padres y el conocimiento acerca de cómo hay que introducir a los más pequeños en el agua es fundamental para evitar errores y para que no se produzcan accidentes.


Hasta los bebés pueden beneficiarse de este medio. Se puede utilizar la actividad acuática para multiplicar las habilidades motrices del niño. Sin embargo, hay que tener presentes algunos aspectos, como saber cómo familiarizar al bebé con el entorno, cómo ayudarle a entrar en el agua y cómo ayudarle a realizar los movimientos.


Por ejemplo, nunca hay que entrar con el bebé en la piscina ni saltar al agua, puesto que podría asustarle.
Por el contrario, el método más eficaz es sentarlo en el bordillo mientras otra persona lo sujeta por detrás. Si no hay nadie que pueda ayudarte, puedes dejarlo tumbado y después introducirlo lentamente.


Cuando ya estéis en el agua hay que adaptarlo a la temperatura y moverte haciendo pie y muy suavemente. No hay que olvidar que el bebé puede estar asustado, por ello tienes que hablarle, explicarle que se trata de una bañera muy grande e, incluso, cantarle.


Para ayudarle a moverse en el agua, apóyalo sobre tu pecho y colócalo boca arriba sujetándolo con las manos planas por la cintura. Inicia un movimiento hacia atrás, suave y serpentean
te.


Si ves que tu bebé está disfrutando, puedes continuar con otros movimientos como realizar el mismo movimiento boca abajo y sujetándolo de manera que el pequeño no introduzca la cabeza dentro del agua.


Recuerda que el ejercicio en el agua...
- Aumenta la habilidad corporal del bebé.
- Estimula el tacto.
- Despierta los reflejos y la capacidad de supervivencia.
- Enriquece las experiencias motrices del niño.
- Les ayuda a mantenerse en forma y mejorar su tonicidad.
- Fortalece la capacidad respiratoria.
- Aumenta su resistencia.
- Les ayuda a relajarse.