lunes, 1 de junio de 2009

Ansiedad ante los exámenes

JUN/09



ANSIEDAD ANTE LOS EXÁMENES.



Si tu hijo manifiesta un nerviosismo excesivo ante los exámenes, no sólo el mismo día del examen, sino incluso durante el período de su preparación; y/o manifiesta haberse “quedado en blanco” durante uno o más exámenes, o situaciones similares de falta de rendimiento durante el examen… Puedes sugerirle que lea las recomendaciones que exponemos. Si esto no es suficiente, debe consultar al psicólogo de su centro escolar.



¿Qué es la ansiedad ante los exámenes?



La ansiedad ante los exámenes consiste en el malestar y reacciones emocionales negativas que algunos alumnos sienten ante los exámenes.



El miedo a los exámenes es, en cierta medida, una reacción racional, pero cuando se da a niveles muy elevados, es cuando puede interferir seriamente en la vida de la persona, hasta el punto de determinar gran parte del futuro académico de la persona.



La ansiedad ante los exámenes puede ser “anticipatoria”, si el sentimiento de malestar se produce a la hora de estudiar o al pensar en qué pasará durante el examen, o “situacional” si ésta acontece durante el propio examen.



¿Por qué se produce la ansiedad ante los exámenes?



En la mayoría de las ocasiones existe un suceso real que activa la ansiedad, como una experiencia anterior de bloqueo en un examen, o de haber sido incapaz de recordar respuestas sabidas.



Si la preparación para el examen ha sido la correcta, la ansiedad puede estar debida a pensamientos negativos o preocupaciones. Puede que estés pensando en exámenes anteriores, en cómo otros compañeros están haciendo el examen o en las consecuencias negativas que prevés de hacer un mal examen. También es posible que sea debido a una falta de preparación para el examen, ¡lo cual no deja de ser una buena razón para estar preocupado! En estos casos, errores en la distribución del tiempo, malos hábitos de estudio o un “atracón” de estudio la noche anterior, pueden incrementar considerablemente la ansiedad.



¿Cómo afecta la ansiedad ante los exámenes?



Los efectos de la ansiedad se dan a nivel fisiológico, psicológico y emocional. Las reacciones a nivel fisiológico pueden incluir taquicardia, tensión muscular, náuseas, sequedad de la boca o sudoración.



A nivel psicológico se puede experimentar una imposibilidad de actuar, tomar decisiones, expresarse uno mismo o manejar situaciones cotidianas. Como consecuencia, se puede tener dificultad a la hora de leer y entender preguntas, organizar pensamientos o recordar palabras o conceptos. También es posible experimentar un bloqueo mental (o “quedarse en blanco”), lo que se manifiesta en la imposibilidad de recordar las respuestas pese a que éstas se conozcan.



Por último, las reacciones emocionales pueden llevar a sentirse aprehensivo, inquieto, enfadado o desvalido.



¿Qué puedes hacer para reducir la ansiedad?



Las siguientes estrategias te pueden servir de orientación para afrontar la ansiedad ante los exámenes. Su utilidad se puede incrementar dependiendo del compromiso de cambio que adoptes.



Puntos esenciales para manejar la ansiedad:



- Procura exponerte ante las situaciones que te produzcan ansiedad. Este paso es necesario para abordar la ansiedad en general, y con ello ir acrecentando día a día tus habilidades para manejarla. No evites asistir a un examen por el miedo a quedarte en blanco, el desarrollo de habilidades para afrontar la ansiedad es un proceso gradual, que irás afianzando en los sucesivos exámenes.



- Intenta reconocer las emociones que acompañan la respuesta de ansiedad en las situaciones críticas. El objetivo es el de detectar con la mayor premura posible la aparición de la ansiedad, y poner así en marcha estrategias para impedir que ésta aflore, como la respiración abdominal. Esta consiste en respirar fuerte y pausadamente llenando totalmente los pulmones desde el abdomen, algo que no solemos hacer en la respiración normal.



Mientras estudias:



- Asigna el tiempo necesario de estudio para hacer todas las cosas que necesites antes del examen (revisar material de estudio, hacer esquemas, repasar los temas...).



- Aumenta la confianza en ti mismo revisando frecuentemente el material.



- Establece metas de estudio y afróntalas de una en una para no saturarte.



- Para profundizar más en estas estrategias te puede interesar consultar materiales sobre Técnicas de estudio y Organización del tiempo.



- Si te sientes nervioso, trata de relajarte con alguna de las siguientes técnicas:



1- Respiración abdominal como se indicó anteriormente en las pautas esenciales.

2- Tensa y relaja diferentes grupos musculares. Por ejemplo, tensa los hombros durante pocos segundos y a continuación déjalos caer. Siente la sensación de relax que esto produce y aprende a identificar estados de tensión de los músculos para relajarlos inmediatamente.

3- Piensa positivamente sobre ti. Tómate ratos para pensar en: respuestas racionales a pensamientos negativos (p.e. en vez de decir “Voy a suspender” di “Tengo la habilidad para aprobar, sólo necesito trabajar más”), pensamientos que te ayudan a manejar el estrés (p.e. “Un poco de activación me puede ayudar. Así lo haré lo mejor que pueda”) y pensamientos que te ayuden a mantenerte concentrado (p.e. “Puedo responder a la pregunta si elaboro la respuesta en pequeños subapartados”).



Antes del examen:



- Llega suficientemente pronto como para sentarte en un sitio en el que te encuentres a gusto.



- Evita encontrarte con gente que pienses que pueda hacerte dudar sobre tu preparación.



- Cuando recibas el examen, lee las instrucciones un par de veces y organiza tu tiempo de forma eficiente.



- No te apresures si ves que tus compañeros acaban antes, trabaja tranquilamente a tu ritmo.



Durante el examen:



- Algunas de las técnicas de relajación que puedes usar durante la fase de estudio también te pueden servir durante el examen, como la respiración profunda o la tensión-distensión de los músculos. Tómate un par de minutos de descanso si crees necesario practicarlas.



- Empieza con las preguntas más sencillas, lo que te reforzará y hará que afrontes con mayor seguridad las preguntas más difíciles.



- Pregunta al profesor aquellas dudas que te surjan durante el examen.



- Piensa en cosas positivas que te ayuden a mantener la concentración durante el examen, como “Esto es sólo un examen”, “Estoy familiarizado con el material”...



- Piensa en que tras el examen te podrás dar algún capricho.



C.V.G. - Psicólogo colegiado nº VC-02211-





viernes, 1 de mayo de 2009

Mi hijo tiene malas notas


MAYO/09


MI HIJO TIENE MALAS NOTAS.
Generalmente, los padres suelen ir al colegio a fin de año, o al cerrar un trimestre, cuando aparecen las malas notas, que son los síntomas. No hay que esperar hasta fin de año para prevenir el mal rendimiento de los niños y adolescentes en el colegio. El mejor modo de evitarlo es ayudar a que los chicos asuman sus responsabilidades desde el principio del curso, la mejor prevención es promover buenas conductas de estudio desde el inicio y hacer un seguimiento. No existen recetas mágicas, hay medidas preventivas que se pueden aplicar a lo largo del año.
Entre los consejos más apropiados que se pueden sugerir a los padres de chicos adolescentes, los especialistas recomiendan:
- Conversar con ellos sobre los problemas en la escuela, evitar culparlo de entrada si comienza la sucesión de malas notas, pero sí responsabilizarlo por no haber cumplido con sus obligaciones.
- Establecer un buen diálogo, y periódico, con el colegio.
- No desautorizar al profesor en el hogar, saber poner límites a tiempo, desarrollar el sentido de la responsabilidad.
- Asegurarles, en lo posible, un espacio y un tiempo para su estudio, sin olvidar su tiempo de descanso y evasión.
Colaboración padres/ escuela.
Hay que averiguar por qué les va mal en el colegio. Algunos padres culpabilizan muy rápidamente a los chicos y los castigan porque no estudiaron lo suficiente. Las medidas en cada caso son diferentes. Incluso cuando hay un tema de rebeldía, propio de la adolescencia, tampoco es bueno pegar el grito antes de ver cuál es el problema, porque no permite comprender qué pasa y trabajar en una solución. Hay alumnos que tal vez no comprenden lo que ven en clase y por eso les va mal.
En una próxima edición de entrenanos analizaremos cuáles pueden ser estas causas de su mal rendimiento.
Para poder hacer este diagnóstico hay que empezar por establecer un buen diálogo con la escuela y evitar descalificar al docente frente a los chicos. Los padres deben acudir al colegio y hablar con el profesor de las materias en que presentan dificultades para entender cómo ven ellos el tema y qué consejos les dan para resolverlo.
Los padres no deben actuar solos. Conviene que las medidas sean consensuadas con los chicos y con los docentes. Y luego, los padres tienen que estar pendientes de cómo va la situación, hacer un seguimiento. Deben apoyar al chico, ayudarlo a organizarse y aconsejarlo para que tome las decisiones correctas.
Muchas veces al chico le falta un adulto que le diga que no. Para que pueda crecer y desarrollarse necesita de una autoridad atenta al diálogo, pero también firme. Los padres deben asumir el rol de padres y saber poner límites a tiempo. Si uno ve que su hijo está dos semanas tirado en un sillón o viendo televisión, es una señal clara de la necesidad de poner límites.
Para entender bien qué pasa es fundamental entablar un diálogo en serio con los hijos. Hablar con el chico, de forma frontal y sin medias tintas. Preguntarle qué le pasa y plantearle la importancia que tiene lo que puede recibir del colegio. No se trata sólo de obtener un certificado, sino que sienta las bases de su futuro.
Darles mensajes claros a los chicos y evitar los dobles discursos es también central. Los padres formalmente siempre van a decir a su hijo que lo más importante es que estudie, pero si después el chico los escucha decir cosas como “al fin y al cabo tanto que estudié y ahora no tengo trabajo, para qué me sirvió”, se le está desmotivando para que estudie.
Otra estrategia muy común, y que es perjudicial, es ponerle una “colección” de profesores particulares. Si bien es válido para una materia puntual, en tiempos de exámenes, y algunos jóvenes pueden necesitar este apoyo, hay alumnos capaces que tienen profesores particulares desde el primer día de clases y, de esta forma, la tarea del chico en el aula (escuchar, atender y, si no entienden, preguntar a su profesor) la postergan para cuando el profesor particular va a sus casas. También los padres deben evitar asumir el rol de maestro. El padre puede colaborar con su hijo, pero sentarse frente a él en actitud de profesor lo único que hace es deteriorar la relación de padre-hijo. Una buena idea es que lo ayude, por ejemplo, un compañero al que le esté yendo bien en esa materia.


C.V.G. (Psicólogo colegiado nº CV-0221)

miércoles, 1 de abril de 2009

Fomentar la lectura en casa


ABR/09



2 de Abril .- Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil.



23 de Abril.- Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor.



FOMENTAR LA LECTURA EN CASA:



El método más sencillo para aficionarse a la lectura es leer. Los padres de familia pueden y deben inculcar en sus hijos este gusto, principalmente porque ello ayudará a que vean el estudio con placer y facilitará el aprendizaje: “Hay que aprender a leer, porque hay que leer para aprender”. Aquí tienen unos buenos consejos.



Forme una pequeña biblioteca en casa, aunque sea con libros de bajo costo... incluso con libros de segunda mano. Pero escoja libros que estén al alcance de sus hijos: literatura sencilla, poesía, divulgación científica, libros infantiles, diccionarios, enciclopedias, etc. También déjelos escoger sus libros cuando visiten las librerías.



Lea en la casa para dar ejemplo a sus hijos. Usted, padre o madre de familia.. . es un ejemplo que ellos seguirán.



Cada noche dediquen un tiempo de lectura familiar antes de dormir... unos 20 ó 30 minutos. Deje que sus hijos seleccionen los libros que serán leídos y deje que sean ellos quienes lean, o bien, por turnos: una noche lo hace uno de los hijos; la siguiente uno de los padres... y así sucesivamente. Pero hagan pausas para comentar el contenido de la lectura de una página o de un capítulo corto. Esto les enseñará a hacer lectura crítica. Si nota que un libro no les está gustando... déjelo de leer y empiecen otro.



Lea en voz alta a los niños que aún no saben leer... pero léales de una manera ade cuada... es decir, cambiando la voz en cada personaje y gesticulando de acuerdo con la trama del libro.



Después de leer un libro, realice con sus hijos alguna actividad relacionada con el tema. Por ejemplo, si leyeron un libro sobre los animales de una granja, hacer una visita a una granja real; o si han leído un libro sobre un pintor, ir a un museo a ver sus obras. Esta actividad no sólo reforzará lo aprendido, sino que también despertará en los niños el interés por la investigación; además, servirá para que los niños se den cuenta de que la lectura tiene aplicación práctica.



Al terminar la lectura del libro, dense un premio todos, como un paseo o una salida a comer fuera de casa, u otra actividad que todos disfruten.



Siempre que haya ocasión, regáleles libros... independientemente de que les regale otra cosa también. El día de su cumpleaños puede regalarles un juguete o una prenda de vestir... ¡y un libro! Así se darán cuenta del valor que usted le da a los libros. Con el tiempo, ellos llegarán a apreciarlos tanto como usted.



Varíe el tipo de libros que se leen en casa, a menos que sus hijos se muestren muy interesados en un solo tema. Si es así, aliéntelos comprándoles, poco a poco, más libros sobre ese tema.



No les prohíba ver televisión, pues si lo hace y ellos creen que es porque 'deben' leer, acabarán odiando los libros. Por el contrario, déjelos escoger uno o dos programas televisivos diarios. Es buena idea buscar libros que tengan alguna relación con los programas de televisión que sus hijos ven. De ninguna manera condicione el tiempo de TV a que hayan terminado una lectura. Además, hay canales televisivos con programas sobre el ecosistema, el mundo animal, el mundo marino, culturas antiguas, etc., que se pueden combinar incitando a sus hijos a la consulta en libros sobre dudas que surjan en lo que han visto.



Participen en juegos de mesa que se relacionen con la lectura. También hagan crucigramas en familia, con la ayuda de una enciclopedia o un diccionario enciclopédico.



Utilice también revistas como material de lectura... pero escójalas con mucho cuidado.



De vez en cuando visiten bibliotecas públicas y aprendan todos a buscar los libros por tema y por autor. Aprendan a preparar fichas bibliográficas en las que resuman el contenido de cada libro que lean. En los libros de investigación documental se explica el procedimiento. También el encargado de la biblioteca les puede enseñar a preparar estas fichas, lo que les será de inmensa utilidad en sus estudios.



Permita que sus hijos guarden donde ellos quieran los libros que les han prestado o les han regalado o que ellos mismos hayan comprado con su dinero. Así, lo verán como su tesoro. Pero, por otro lado, haga que los compartan con sus hermanos, con el compromiso de que éstos los cuidarán como si fueran propios.



Cuando exista una película basada en un libro (adecuada para los hijos), prométales llevarlos a verla o alquilarla en el vídeo-club, en cuanto terminen de leer el libro.

domingo, 1 de marzo de 2009

"La edad del pavo"


MAR/09


LA EDAD DEL PAVO:


En el adolescente, sus pensamientos, sus emociones, son un hervidero de problemas, inseguridad, dudas y contradicciones. No sabe quién es ni lo que quiere, se ve inestable en sus propósitos. Y, en sus conductas visibles, reacciona de una forma sorprendente: se muestra cabezota, obstinado en las discusiones, lleva la contraria casi por sistema, habla poco y cuando lo hace es mediante susurros; o, lo que es peor, a gritos, como quien está seguro de todo y acaba de descubrir la verdad de las cosas. Discute sólo para ganar, para hallar en la lucha dialéctica esa firmeza de la que carece.
Necesita derrocar la autoridad paterna, por eso es contestatario. Pero cree que sólo esa ruptura le va a conducir a la emancipación. Con esa oposición sistemática están reivindicando ante los adultos el "yo no soy tú". Necesitan ser autónomos y que se les reconozca como independientes en algunas cuestiones. Pero a la vez, y esto desconcierta y altera a los padres, no se muestran responsables con sus estudios, ordenar su habitación o con sus gastos personales.
Los padres les repiten "si quieres hacer tu vida y ser independiente que sea para todo: para estudiar y para organizarte mejor" y ellos responden que el único problema es que no les comprendemos. Los adultos también hemos sido adolescentes, pero hace 30 años vivíamos en una dictadura, no había más que una TV, no existían los ordenadores ni Internet, en la escuela las clases no eran mixtas, se pensaba que la masturbación era pecado, las familias de dos y tres hijos eran lo normal, los jóvenes despertaban al sexo en la veintena y no había preservativos ni educación sexual alguna, el trabajo abundaba, el rock era cosa de desquiciados, y sólo iban a la Universidad unos pocos elegidos. Cualquier parecido con la realidad actual es pura coincidencia. Partamos de ello, y estaremos más capacitados para entender el mundo interior de los adolescentes, y más motivados para observarles con atención y escucharles con paciencia, cercanía y cariño. Ahora bien, aunque podamos ceder en cosas para ellos importantes (apariencia externa, gustos musicales y aficiones, amistades, horarios en días festivos...) hemos de mostrarnos firmes en lo fundamental: respeto a padres y hermanos, responsabilidad en sus deberes académicos y hogareños, salud y seguridad personal... Porque, aunque se oponen a cualquier autoridad, necesitan una referencia, unas certidumbres que alivien su estado de duda y les sirvan de orientación.
Si desde un principio hemos mantenido en esta etapa una actitud de escucha y comunicación, combinando el afecto con las concesiones y la firmeza, es muy probable que vuelvan a la normalidad de la vida familiar. Porque, desde esa serenidad adquirida, percibirán a la familia como el valor seguro que es.
Los padres y adultos para no perderse en el estado de ebullición mental y física que su edad y cambios físicos le generan, poco pueden hacer, más allá de recabar información sobre sus hábitos. Ante la influencia del medio social, tan llena de riesgos, los padres pueden adoptar posiciones extremas: prohibición total, protección excesiva, obsesión por saber todo lo que hace el hijo/a... Sin embargo, la flexibilidad es la actitud más inteligente: no discutamos por las cuestiones menores, pero defendamos una posición firme, aunque siempre razonada, sobre ciertos hábitos que atentan contra la salud, la seguridad o el ritmo de algunas diversiones que impiden que cumpla con los estudios o se alimente y descanse correctamente. Nos resulta difícil comprender por qué van en masa, bailan al mismo ritmo, visten igual y escuchan la misma música. Pero es su entorno social, que sienten como protector de su inseguridad. Ahí están a gusto. Se defienden frente a un mundo adulto que consideran agresor. Y entre las masas y su grupo de iguales (amigos) van incubando su proceso de emancipación. En períodos posteriores, dejarán de necesitar a la masa protectora e irán por libre. Los padres deben esperarles con las puertas abiertas, pero sin alejarse, sin perder el hilo de por dónde y cómo se manejan en ese proceso de construcción personal.
Despierta el sexo:
En esta edad el despertar de lo sexual y la atracción por el otro sexo, se vive con temor y aflicción, y se percibe como un descubrimiento espectacular. Con la evolución de las costumbres, se han modificado las conductas adolescentes respecto al sexo. Ahora, ellas también toman la iniciativa. Los modos y estrategias de seducción son más abiertos y directos, y se activan tanto por los chicos como por las chicas. Este descubrimiento de la sexualidad conduce a la exploración del placer que produce practicarla, a solas o en compañía.
Hoy, pocos adolescentes ven el sexo como algo perverso o pecaminoso. Se esconden casi lo mismo que lo hacían sus mayores, pero no temen tanto la práctica del sexo. Para los padres, la actividad sexual de sus hijos adolescentes es, ante todo, un problema: de conciencia moral ("pero si son tan jóvenes que..."), de estilo ("en nuestra época, el sexo era una cosa más romántica, más elegante...") y, fundamentalmente, de riesgo ("mira que si la dejas embarazada" o "si te quedas encinta, qué harías con un niño a los 17 años"). Pero para muchos adolescentes, el sexo es una aventura apasionante por la que merece la pena asumir ciertos riesgos. Prohibir drásticamente propicia que lo practiquen con conciencia de culpa, que no soliciten la información necesaria y que corran riesgos evitables, como las enfermedades contagiosas y el embarazo no deseado.
Tanto educadores como padres debemos proporcionar a los adolescentes informaciones claras y completas, primando, la recomendación de un sexo consciente, responsable, seguro y placentero. Los adolescentes necesitan comprobar las posibilidades y habilidades de lo que perciben como nuevo continente físico, su propio cuerpo. Por ello, la práctica de deportes es particularmente aconsejable en esta edad.
¿Qué hacer?
Hay algunas manifestaciones típicas de esta edad que preocupan a los padres: el fracaso escolar, el inicio en el consumo de alcohol y drogas, las conductas marginales, ese aislamiento de todo y de todos que puede exigir la intervención de un psicólogo... Lo cierto es que cada adolescente es todo un mundo que hemos de conocer, y podemos ayudarle si…
…nos mantenernos informados de cómo evolucionan sus sentimientos y emociones, su cuerpo y sus relaciones sociales,
…estamos abiertos a la comunicación con él/ella, en cualquier circunstancia,
…intentamos descubrir qué les agrada y les escuchamos con paciencia e interés,
…facilitamos su emancipación, cediéndoles paulatinamente cotas de libertad y de responsabilidad,

…nos mostramos flexibles en lo accesorio, y firmes en lo fundamental,

…sabemos esperar (mirando a medio plazo) a que “se le pase” y procuramos, siempre, ponernos en su pellejo; para ello, debemos conocerle y respetarle mucho.




C.V.G. - Psicólogo Colegiado Nº CV-02211-

domingo, 1 de febrero de 2009

Cómo castigar


FEB/09



CÓMO CASTIGAR



En la edición de entrenanos del mes de enero/09 nos referíamos a la frustración que produce en padres y educadores la poca eficacia de las reprimendas y castigos repetidos. Teniendo en cuenta las consid eraciones ya comentadas, proponemos modos distintos de aplicar un castigo, técnicas específicas de c astigo, como son el Tiempo Fuera (también llamado Aislamiento), las multas y la sobrecorrección.



EL TIEMPO FUERA:



Se trata de separar al niño del lugar o la situación en donde se produce la conducta anómala de forma que suponga castigar la conducta inadecuada mediante una privación social (“aislamiento”, entendido como se explicará) y la retirada de algo agradable. Para ello, mandaremos al niño a su habitación, a un rincón o a un lugar aislado durante un cierto tiempo.



Ejemplo:

En cuanto Juan comienza a pelearse con su hermana, o patalea o tira y rompe cosas, se le manda sólo a un rincón, sin entrar en ningún tipo de discusión con el niño por la medida adoptada.



Esta medida se ha de utilizar ante conductas que no pueden ser ignoradas por su gravedad, como la agresividad, los gritos, los insultos, o el romper cosas.



Es muy importante tener en cuenta que el aislamiento debe complementarse con el refuerzo (el premio o alabanza) de conductas contrarias a la que se pretende eliminar. Se debe proporcionar al niño una forma alternativa de conseguir recompensas.



Ejemplo:

Cuando se le explica a Juan el procedimiento del tiempo fuera que se aplicará siempre que pegue e insulte a su hermana, se le informa, al mismo tiempo, que por cada día sin pegar a su hermana podrá estar 15 minutos más jugando en la calle con los amigos.



Recomendaciones para su correcta aplicación:



- No se debe hacer coincidir el aislamiento con el tiempo de realización de tareas que el niño no desea hacer, si es así el aislamiento es reforzante (evita algo que no le gusta).



- Se debe asociar la aplicación del aislamiento con la pérdida de refuerzos positivos, cuando supone dejar de hacer algo agradable para el niño: ver TV, estar con un amigo, jugar con papá a algo que le gusta... o simplemente aburrirse estando sólo en el pasillo.



- Decir a los niños que han de ir al tiempo fuera con calma y prontitud. Si el niño se resiste cogerlo del brazo y llevarlo, sin discutir con él. Se trata de aburrir, no de vengarse.



- Antes de la aplicación de este castigo, como de todo castigo, se debe informar al niño de las consecuencias de su conducta, decirle porqué debe estar allí y cuánto tiempo.



- Sólo se debe aplicar el aislamiento tras unas palabras de aviso, y si a pesar de ello el niño persiste con su conducta inadecuada.



Ejemplo:

Juan responde a su madre faltándole al respeto con frases como: “No me da la gana”, “Vete a la porra”... La madre le advierte con buenas palabras que la próxima vez que hable de este modo a su madre, se irá castigado a su habitación. Si a pesar de ello el niño persiste en su conducta, la madre de Juan no debe dudar lo más mínimo en man darle a su habitación.



- Los padres deben evitar discusiones, entre los padres y con el niño, sobre el porqué del tiempo fuera. El niño conocerá previamente cuál será la consecuencia de su conducta inadecuada.



- Si la conducta problema aumenta al indicarle que debe aislarse, se debe añadir 1 o 2 minutos al tiempo de aislamiento.



Elección del lugar de aislamiento:



- Debe ser un lugar en donde el niño no pueda obtener ninguna gratificación o refuerzo, ni por pa rte de otras personas, ni por estímulos gratificantes. En donde no haya cosas, ni personas, que le puedan atraer o entretener.



- Los pasillos de la casa pueden ser aconsejables.



- Algún lugar apartado del resto de la familia, en alguna dependencia en donde pueda estar controlado y no haya peligros, un lugar ventilado y con luz. Recordar que no se trata de asustarle, sino de que se aburra y reflexione.



- Debe ser un lugar que no esté muy lejos del lugar en donde se produce la conducta inadecuada.



- Mientras el niño va y vuelve del lugar de aislamiento, no se le debe reforzar ninguna conducta: no se le debe alabar, pero tampoco criticar o reprocharle por la falta cometida.



Tiempo de a islamiento:



Los períodos de tiempo cortos son más indicados. Empezar con períodos cortos de 3 a 5 minutos, o hasta que cese la conducta anómala. Si con este tiempo la conducta inadecuada no se elimina, podemos ir alargándolo progresivamente. No es aconsejable más de 20 minutos.



PÉRDIDA DE BENEFICIOS: MULTAS:



Es otra modalidad de castigo, entendido como retirada de algo agradable o deseado para el niño como consecuencia de una conducta inadecuada. En este caso se trata de hacer seguir la realización de una conducta no deseada por la pérdida de algún refuerzo tangible, sea un objeto o una actividad. Ejemplo: no tomar postre, no jugar con el ordenador, no salir con la bici o quitarle 1 euro de su paga semanal.



Previamente el niño debe saber cuál será la consecuencia de su conducta, sobre todo si es más mayor. Los padres deben cumplir la privación del refuerzo que han amenazado con retirar. Si se le “multa” con no ver su serie favorita de la TV, cada día que insulte a su hermana más de dos veces al día, aunque proteste enérgicamente, que probablemente lo haga, no ceder y cumplir el castigo, de lo contrario, aprende que insistiendo conseguirá lo que quiere.



Tras la realización de la conducta problemática los padres simplemente recordarán al niño que ha perdido el derecho a salir a jugar, ver la televisión, o tomar su postre favorito... sin prestar la más mínima atención a sus protestas.



SOBRECORRECIÓN:



Se trata de corregir o reparar la conducta inadecuada. Es muy conveniente porque el niño aprende cuál es la conducta correcta y la pone en práctica.



Hablamos, por un lado, de la Restitución: El niño ha de reparar o restablecer la situación: pedir perdón por un insulto o molestia, devolver un objeto, reponer un objeto, recoger lo tirado al suelo, limpiar lo ensuciado...



Y por otro lado, la Práctica Positiva: ha de llevar a cabo la conducta contraria y positiva: ensayar de nuevo la situación y realizarla adecuadamente, hacer de nuevo un trabajo estropeado, pedir adecuadamente lo solicitado a gritos y con insultos, fregar los platos de toda la familia cuando no suele limpiar el suyo...



C.V.G. -Psicólogo Colegiado Nº CV-02211-

jueves, 1 de enero de 2009

Castigos educativos


ENE/09

CASTIGOS EDUCATIVOS.

El castigo como método educativo para corregir la conducta de los niños tiene mala reputación porque no se suele utilizar correctamente. Según la forma en que sea aplicado puede tener efectos negativos en la conducta y desarrollo del niño, o por el contrario, puede contribuir a un aprendizaje de lo que es correcto, y al bienestar y equilibrio emocional del niño y, por añadidura, de los padres.

Castigos a evitar.

Castigar puede consistir en aplicar al niño una estimulación aversiva o consecuencia desagradable, dolorosa y/o humillante como resultado de haber realizado una conducta no deseable (ejemplo: un cachete o un grito tras un insulto). Se debe evitar porq ue tiene efectos negativos. Hablamos del castigo físico y la reprimenda verbal.

Es el método más extendido para modificar o encauzar la conducta de los niños por varias razones. Ha pasado de generación en generación y todos lo hemos aprendido. Es la única estrategia pedagógica que nos han enseñado. Es rápido y cómodo de utilizar. Tiene un efecto inmediato en la conducta de los niños, por lo que es atractivo para los padres. Este éxito momentáneo, refuerza la conducta del que aplica el castigo, tendiendo a utilizarlo cuando aparece la conducta no deseada.

Pero la eficacia del castigo es aparente porque no se logra que el niño aprenda una nueva conducta más adecuada, sólo aprende a evitar ser castigado. Se reduce la conducta inadecuada, pero únicamente porque intenta evitar el castigo.

Este tipo de castigo debe evitarse porque, además de no aportar nada forma tivo ni positivo para el niño, puede tener estos efectos negativos:

- Crea resentimiento y sentimientos de temor o rencor entre el niño castigado y los padres.

- El comportamiento no deseado reaparecerá en ausencia del que castiga, incluso con más intensidad.

- El niño aprende a engañar, a huir o a escurrir el bulto para escapar del castigo.

- El niño se acostumbra al castigo, cada vez hay que utilizar castigos más fuertes, lo que produce en el niño un peor comportamiento.

- El niño aprende a comportarse agresivamente, aprende que la violencia es la forma de conseguir lo que se quiere. Los padres que gritan, pegan o castigan, tienen hijos que acaban haciendo lo mismo.

Castigos educativos.

El castigo puede ser utilizado, pero para que sea eficaz (disminuir la conducta no deseable) debe consistir en la retirada de algo agradable como consecuencia de haber realizado una conducta inadecuada.

Es menos problemático, utilizado siguiendo las siguientes pautas en su aplicación:

- Se debe ofrecer al niño la respuesta adecuada, contraria a la castigada, que debe ser reforzada (premiada, alabada) cada vez que aparezca. No sólo se le debe decir lo que no debe hacer, también hay que decirles lo que deben hacer. Si Juan pega a su hermano y se le castiga por ello, se le debe premiar o alabar cuando esté tranquilamente jugando con su hermano.

- La aplicación del castigo debe ser inmediata a la ocurrencia de la conducta anómala. Nunca debe dejarse su aplicación para más tarde, para “cuando venga tu padre”, por ejemplo.

- El castigo debe ser proporcionado con la naturaleza de la infracción.

- Antes de aplicar el castigo, el niño debe conocer qué conductas van a ser castigadas y cuáles no.

- Al aplicar el castigo los padres no deben mostrar alteración emocional (enfado excesivo, excitación, gritos...).

- La conducta que se castiga una vez debe ser castigada siempre (sistematicidad). El castigo no debe depender de nuestro humor o de otras circunstancias. Ejemplo: La madre de Ana la castiga cuando critica a su hermana, en cambio se sonríe cuando critica a la vecina.

- Nunca se debe castigar al niño con la pérdida de beneficios o premios conseguidos por la misma u otras conductas adecuadas. Ejemplo: Si Ana ha recibido un premio por sus buenas notas, su madre no se lo puede retirar porque haya pegado a su hermana, por ejemplo.

Cuándo debe utilizarse el castigo:

- Cuando la conducta que queremos modificar sucede tan a menudo que apenas existe una conducta adecuada alternativa.

- Cuando la conducta del niño pone en peligro la seguridad del propio niño o la de los demás. Ejemplo: Juan se empeña en meter los dedos dentro del enchufe, o Ana quiere coger a toda costa la sartén con aceite hirviendo.

- Ante las conductas agresivas: Violencia física: golpes, zancadillas, empujones, patadas, pellizcos... Tirar o romper objetos. Palabras mal sonantes, insultos, amenazas, discusiones a gritos...

Existen varios modos de castigar. En próximas ediciones nos ocuparemos de la forma en que deben utilizarse tres técnicas distintas: el Tiempo Fuera (Aislamiento), las Multas y la Sobrecorrección.

LA REPRIMENDA VERB AL Y EL CASTIGO FÍSICO:

La reprimenda verbal es un método de castigo alternativo al castigo físico y más apropiada que aquel. Pero ambos, no son los métodos más adecuados para eliminar una conducta incorrecta, sólo deben utilizarse muy excepcionalmente.

El castigo físico leve (una palmadita en la mano o en el culo, o similar) puede ser utilizado en determinados casos. En situaciones potencialmente peligrosas para la integridad físic a del niño, o cuando los niños son muy pequeños y no pueden entender lo que es peligroso para ellos aunque se le explique verbalmente.

La reprimenda verbal no debe ser el grito o la salida de tono por parte de los padres. Debe utilizarse de esta forma:

- Debe ser enérgica, pero no exaltada. Debe ser firme, pero no ofensivamente autoritaria. Debe ser objetiva y aplicarse con serenidad.

- No se debe en trar en discusiones con el niño, ni atender a sus réplicas poco razonables.

- Cuando el niño es muy pequeño podemos acompañar la reprimenda con un pequeño castigo físico para que comprenda la gravedad de lo que le decimos. Ejemplo: Juan después de decírselo repetidamente vuelve a intentar meter los dedos dentro del enchufe. Su madre le reprende diciéndole: “!No toques eso!”, al tiempo que le da una ligera palmada en la mano.

- Tras la reprimenda no se le debe consolar de inmediato, hay que esperar a que se calme y luego enseñarle lo que podía haber pasado. Ejemplo: Ana tras la reprimenda recibida por intentar coger la sartén con aceite hirviendo, su madre le acerca la mano a la sartén para que la niña compruebe el calor, al tiempo que se le dice: “Ves si llegas a tocar la sartén te podrías haber quemado”.

- A medida que el niño va creciendo se deben utilizar lo menos posible las reprimendas verbales, y sobre todo los castigos físicos.


C.V.G. -Psicólogo Colegiado Nº CV-02211-